Racionalidades en el institucionalismo: ideas desde Thorstein Veblen y Pierre Bourdieu

Rationalities in The Institutionalism: Ideas from Thorstein Veblen and Pierre Bourdieu

Racionalidades no institucionalismo: ideias desde Thorstein Veblen e Pierre Bourdieu

Adolfo Eslava Gómez
Universidad EAFIT, Medellín - Colombia
aeslava@eafit.edu.co

Recibido: 31.08.2011
Aprobado: 16.04.2012


Resumen

Este artículo muestra algunas contribuciones de Thorstein Veblen a las ciencias económicas y las pone en diálogo con otras perspectivas del análisis social. En primer lugar, se presenta la concepción de las instituciones propia del institucionalismo clásico, luego se exponen categorías pertinentes para la comprensión de fenómenos económicos. Paso seguido, se recogen planteamientos teóricos de la sociología económica de Pierre Bourdieu entendida como una visión heterodoxa respecto a las instituciones económicas. Finalmente, se propone el diálogo interdisciplinario como camino para garantizar la convergencia de saberes encaminada hacia la construcción de una ciencia social.

Palabras clave: Pensamiento Institucional, Enfoque Institucional, Sociología Económica.


Abstract

This article shows Thorstein Veblen's contributions in economic sciences and puts them in dialogue with other social analysis perspectives. First of all, it presents the institutions in classical institutionalism view and then exposes relevant categories for understanding economic phenomena. Following, it presents Pierre Bourdieu's economic sociology understood as a heterodox view about economic institutions. At the end it proposes interdisciplinary dialogue as a way to ensure the convergence of knowledge aimed at the social science building.

Key words: Institutional Thinking, Institutional Approach, Economic Sociology.

JEL Classification: B15, B52, Z13.


Resumo

Este artigo mostra algumas contribuições de Thorstein Veblen Às ciências econômicas, estabelecendo um diálogo com outras perspectivas de análise social. Em primeiro lugar, apresenta a noção de instituições própria do institucionalismo clássico para depois expor categorias pertinentes À compreensão dos fenômenos econômicos. Em segundo lugar, tomam-se abordagens teóricas da sociologia econômica de Pierre Bourdieu, quem tem uma visão heterodoxa das instituições econômicas. Finalmente, propõe-se um diálogo interdisciplinar como caminho para garantir a convergência de saberes na construção de uma ciência social.

Palavras-chave: Pensamento Institucional, Enfoque Institucional, Sociologia Econômica.


La evolución social es un proceso de adaptación selectiva de temperamento y hábitos mentales bajo la presión de las circunstancias de la vida en común. La adaptación de los hábitos mentales constituye el desarrollo de las instituciones.
Thorstein Veblen (2005, 219).

Introducción

Este ensayo presenta una revisión conceptual de algunas contribuciones de Thorstein Veblen a las ciencias económicas y las pone en diálogo con otras perspectivas de análisis1. Para ello se presenta, en primer lugar, una descripción breve de la definición de instituciones propia del institucionalismo clásico. Luego se exponen categorías veblenianas que ofrecen luces para la comprensión actual de fenómenos económicos, tales como: emulación, curiosidad ociosa y subjetividad. En el apartado siguiente, se recogen planteamientos teóricos de la sociología económica de Pierre Bourdieu entendida como una visión heterodoxa respecto a las instituciones económicas cuyos elementos centrales, siguiendo a Swedberg y Granovetter (1994)2, se sintetizan en tres postulados:

a. La acción económica es una forma de acción social.

b. La acción económica está históricamente determinada.

c. Las instituciones económicas son construcciones sociales que no se pueden explicar por simples motivos individuales.

Más adelante, se presentan algunas ideas relevantes respecto al diálogo con otras vertientes críticas de la economía tradicional y se enfatiza la vigencia de las ideas del institucionalismo y de su invitación a pensar las relaciones de la estructura social desde una perspectiva interdisciplinaria consecuente con la necesidad de promover la convergencia de saberes que permita, en palabras de Bourdieu, “reunificar una ciencia social dividida artificialmente” (2003, 259).

Se trata de un artículo conceptual que indaga por la racionalidad subyacente a los planteamientos del viejo institucionalismo y el institucionalismo heterodoxo, en tanto que contribuciones complementarias al individualismo metodológico propio de algunas vertientes neoinstitucionalistas. La metodología utilizada es una suerte de diálogo entre Veblen y Bourdieu que luego da paso a comentarios de interlocutores, también críticos y no menos importantes como Polanyi, Elster y Hodgson: Cabe anotar que la pretensión teórica de este texto traslada las posibles aplicaciones al terreno de las futuras investigaciones propias y ajenas.

1. Críticas de Thorstein Veblen a su economía recibida

El problema de investigación que aborda Veblen a lo largo de su vida académica consiste en el problema del libre albedrío de los humanistas contra el determinismo de la conducta humana, problema que ni resolvió ni en el que escogió bando. En este sentido, David Seckler asegura que existen dos Veblens: el conductista y el humanista, el primero, el metodólogo, arguye a favor de una ciencia del hombre en donde la causa eficiente constituye el imperativo metodológico; el segundo, el lógico, “encontró al humanismo lógicamente necesario” (Seckler 1977, 35). El autor de marras, resume la esquizofrenia vebleniana así:

Por una parte, hay ciertos instintos universales que comparten todos los hombres. Por otra parte, hay hábitos de pensamiento e instituciones variables entre los pueblos, según el tiempo y el lugar. Los instintos dan dirección y fuerza al proceso del desarrollo humano; los hábitos aportan el contenido específico del momento. (Seckler 1977, 117).

A pesar de este dilema vebleniano, se destaca la tendencia de lo que podemos denominar vocación interdisciplinaria del institucionalismo ya que permite introducir en la economía, herramientas derivadas de las ciencias evolutivas como la biología, la antropología y la psicología. En este sentido, otro estudioso del pensamiento económico sintetiza las ideas del pensador de ascendencia noruega en estos términos:

Las tesis centrales de Veblen son que la actividad humana, incluyendo la actividad económica, puede ser enfocada más provechosamente desde el ángulo de un proceso evolutivo; que las instituciones son factores decisivos en el modelado de la conducta humana; que la ciencia social debe tratar con seres humanos reales, no con la naturaleza humana racionalizada; con el desarrollo de los hechos, más que con un retrato normalizado de ellos. (Homan 1971, 536).

1.1 ¿Qué es una institución?

La cuestión central del institucionalismo no tiene respuesta fácil. Thorstein Veblen equipara la institución a la “usanza que se ha vuelto axiómatica e indispensable por el hábito y la aceptación general” (Veblen, 1924. Citado en Seckler 1977, 126). Para comprender la aserción, es preciso recordar la distinción vebleniana respecto a dos tipos de hábitos: por un lado, está la concepción o criterio -también llamado hábito de pensamiento- que corresponde a la línea razonada de conducta; por otra parte está la usanza o acto -que Veblen denomina institución- que se lleva a cabo de manera automática, sin deliberación alguna, pero cuya conveniencia social no está en tela de juicio. No obstante, se debe recordar que Veblen no restringe la institución solo a los hábitos de acción, pues en otro lugar argumenta que las instituciones son hábitos establecidos de pensamiento comunes a la generalidad de los hombres3 (Veblen 1909).

De acuerdo con Supelano, el pensador norteamericano “sentó los cimientos de una teoría evolutiva de las instituciones económicas. Su teoría no se centraría en los aspectos estáticos de la elección y de la imputación de valores sino en el estudio de los procesos de cambio acumulativo” (2005, 11). En breve, este proyecto teórico -que aún no ha concluido-, concibe las instituciones como las formas de conducta acostumbradas y convencionales en donde el análisis vebleniano le imprime más importancia al carácter ideal que al carácter real de las mismas.

John Rogers Commons asegura que una institución se puede definir como acción colectiva que controla, libera y amplía la acción individual (2003, 190). Paso seguido, el economista norteamericano asocia instituciones a reglas de funcionamiento “que indican qué individuos pueden, deben o están autorizados a hacer o no hacer, obligados por sanciones colectivas” (2003, 191). Para concluir, evocando a Hume, la economía, la jurisprudencia y la ética constituyen la condición de unidad que precede a la teoría institucional. Hodgson por su parte, recapitula diversos planteamientos alrededor de las instituciones, las convenciones y las reglas comenzando por los clásicos acá señalados: “The original institutional economists, in the tradition of Thorstein Veblen and John R. Commons, understood institutions as a special type of social structure with the potential to change agents, including changes to their purposes or preferences” (2006, 2).

En este sentido, el matemático y filósofo inglés concibe las instituciones como sistemas de reglas que estructuran la interacción social y, en sintonía con Veblen y Commons, ubica la institucionalidad social como un elemento dentro del concepto más amplio de estructura social. Una vez se asocia instituciones con reglas, resulta preciso aclarar que las reglas hacen alusión al conjunto compuesto por normas de comportamiento, convenciones sociales y reglas legales. En este punto, se destaca el criterio de codifiability -que remite al conocimiento, comprensión, creencias y actitudes- como condición que permita la transmisión entre los miembros de la comunidad de la prohibición, el permiso o la prescripción contenidos en las reglas.

1.2 Racionalidades económicas en Veblen

A continuación se plantean algunas conexiones entre la escuela institucional inaugurada por Veblen y los elementos centrales de la historia del pensamiento económico: para ello se describe la coincidencia en asuntos de psicología económica y se presentan contribuciones veblenianas a la comprensión del comportamiento de los agentes.

Resulta interesante la coincidencia entre la importancia que los mercantilistas otorgaban a la emulación como motivación humana de la actividad económica y el papel que Veblen le otorga a este principio como fuente del consumo ostensible ya sea de dinero, tiempo, recursos o esfuerzo. Mientras el inglés del siglo XVII, William Petty le otorga a la emulación la categoría de instinto que incrementa el gasto, el norteamericano del siglo XIX le asigna la calificación de principio creador de la disponibilidad “a absorber todo margen de ingresos que quede después de subvenir a toda necesidad y comodidad física” (Veblen 1891. Citado en Seckler 1977, 92).

Cabe destacar que esta propensión a la emulación económica, usando el término acuñado por Spencer, hace que cuestiones respecto a la auténtica dignidad de la persona humana queden reducidas al móvil del derroche ostensible. Antes que principio económico, la emulación es más bien un complejo que se evidencia en “manifestaciones derrochadoras y depredadoras de la vida cotidiana” (Seckler 1977, 96). No obstante, resulta preciso aclarar que siguiendo al Veblen conductista, se puede dar el principio de emulación pecuniaria4 orientado por la búsqueda de prestigio, alabanza y grandeza, pero al mismo tiempo, con base en el otro Veblen, también está presente la emulación humanista fundada en criterios de confianza, reciprocidad y cooperación.

Conviene traer a colación el análisis de Diggins (2003, 221), acerca de la obra vebleniana cuando expone la emulación como factor explicativo de la conservación de las instituciones en presencia de relaciones sociales jerárquicas:

Gracias a la propensión humana a emular, la clase alta se encuentra en situación de establecer un “ejemplo preceptivo de derroche conspicuo” y de suministrar un “ejemplo imperativo” de la forma como se establecen los “cánones de la reputación”. Así pues, las normas que organizan el sistema de valores de una sociedad y le dan cohesión se originan en la cima de la estructura de clases y se transmiten hacia abajo, con lo cual afectan (o “contaminan”) las poblaciones de los diversos estratos inferiores.

En consecuencia, una vez fijado el objetivo de la reputación, la emulación pecuniaria puede acudir a Maquiavelo para persuadir desde la habilidad de mentir y cometer acciones contrarias al interés social; en tanto que la emulación humanista acude a conductas fundadas en la previsión5. La tarea por tanto consiste en fijar los referentes correctos que es preciso emular, toda vez que el referente mismo señala el derrotero a seguir.

Por otra parte, la escuela institucional siempre ha indagado por la evolución económica de la sociedad6 y los temas del desarrollo recogen la pregunta central de este enfoque de investigación. En palabras de Rodríguez (2001, 62), se tiene que “Una pregunta inicial que se formularon los neoinstitucionalistas era ¿cómo explicar las diferencias que existen en los niveles de desarrollo económico entre diversos países? La respuesta a este interrogante puede partir de los diferenciales tecnológicos e institucionales.”

En este sentido, la categoría vebleniana curiosidad ociosa torna explícita una causa fundamental del desarrollo y el cambio social toda vez que constituye la génesis de la inteligencia creadora en contraposición al limitado pragmatismo que solo ofrece máximas de conducta conveniente. Es decir, mientras el pragmatismo redunda en el terreno conocido que permite trazar “una línea razonada de conducta que mire un resultado que será conveniente para el agente” (Veblen 1919. Citado en Seckler 1977, 122), la curiosidad ociosa permite incursionar más allá del interés conveniente dando lugar al cambio progresivo acumulativo del conocimiento.

Es posible combinar estos dos puntos de contacto entre institucionalismo y pensamiento económico de la siguiente forma: el complejo de emulación ofrece un criterio de indudable importancia para abordar la comprensión de la racionalidad subyacente al comportamiento económico. La conexión, lejos de especulación, tiene raíz directa en el propio pensador de ascendencia noruega cuando afirma: “El éxito relativo, medido por una comparación favorable con los demás, se convierte en el fin del esfuerzo que se acepta como legítimo y, por tanto, la repugnancia por la futilidad se coliga en buena parte con el incentivo de la emulación” (Veblen 2005, 40).

De allí, es posible plantear que el análisis comparado de estadios de desarrollo económico encuentra un factor explicativo en la percepción ciudadana de vida digna adicional al bienestar proveniente de la acumulación física de riquezas. Por tanto, se rescata la dimensión subjetiva del progreso social en tanto motivación humana con incidencia directa en la actividad económica. De esta forma, se tiene un panorama general de las categorías veblenianas relevantes tanto para el análisis económico como para el análisis institucionalista, en particular, en lo concerniente a la tarea de comprender el marco de motivaciones individuales, allende el interés propio, que subyace a la conducta colectiva. Sin duda, todo ello se inscribe en una postura crítica frente a la economía recibida que puede ser complementada con las contribuciones alternativas de la sociología económica que se describen en el próximo apartado.

2. La mirada heterodoxa de Pierre Bourdieu

En contraposición a la escuela neoclásica, Pierre Bourdieu plantea un método fundado en dos principios olvidados por aquélla: orden social y habitus. El orden social hace alusión a la necesidad de conocer las múltiples dimensiones de lo colectivo además del mercado y la empresa, terreno en el cual revisten importancia la familia, la institución educativa, la comunidad, la asociación ciudadana y el Estado. Por su parte, el habitus consiste en el sistema de conceptos adecuado al comportamiento observado en las acciones económicas.

El método propuesto se puede sintetizar en aquel que tiene como propósito la explicación amplia del comportamiento humano contingente que arroja la evidencia empírica; la amplitud del método comienza por tomar distancia de la mentalidad calculadora para abrirle paso a otros factores explicativos inscritos en las rutinas más triviales de la experiencia corriente tales como la asociatividad, la generosidad, la gratuidad, la previsión -ver nota 4-, la equidad, entre otros rasgos cercanos al capital simbólico propio de la economía del honor y la buena fe. óscar Rodríguez (2001, 74), resume este programa de investigación señalando que: “La sociología económica percibe que las instituciones están circunscritas a un conjunto de redes sociales, no surgen automáticamente, se construyen socialmente y son modeladas por el régimen de acumulación. Las sociedades son jerarquizadas y están expuestas a tensiones internas.”

En este sentido, el sociólogo francés aboga por el análisis histórico que indaga en la especificidad de cada microcosmos social e incorpora la multidimensionalidad y multifuncionalidad de las prácticas con el fin de obtener la comprensión “de las acciones y de las instituciones económicas tal como se ofrecen a la observación empírica” (Bourdieu 2003, 15).

En contraste con la dotación del agente económico y su ausencia de explicación respecto al origen de la misma, cuyo principio subyacente no es otro que la visión ahistórica de la ciencia económica, el análisis histórico permite inscribir las historias individuales y colectivas en el escenario razonable, antes que racional, que tiene lugar “(…) en unas estructuras sociales y en unas estructuras cognitivas, en unos esquemas prácticos de pensamiento, de percepción y de acción” (Bourdieu 2003, 18). De esta forma, el pensador francés expresa la necesidad de un análisis económico que supere la amnesia de la génesis, y recomienda construir:

Por un lado, la génesis de las disposiciones económicas del agente económico y, muy especialmente, de sus aficiones, de sus necesidades, de sus propensiones o de sus aptitudes (para el cálculo, el ahorro o el propio trabajo), y, por otro lado, la génesis del propio campo económico, es decir, historiar el proceso de diferenciación y autonomización que desemboca en la constitución de este juego específico: el campo económico como cosmos que se somete a sus propias leyes y que otorga por ello una validez (limitada) a la autonomización radical que lleva a cabo la teoría pura al constituir el ámbito económico como universo separado (Bourdieu 2003, 18).

En palabras del sociólogo francés, el habitus es subjetividad socializada, es espontaneidad condicionada y limitada, es fruto de experiencias acumuladas en un conjunto de historias: colectiva e individual, trayectoria pasada pero preñada de futuro probable por medio de la inercia. Se trata de “Un principio de diferenciación y de selección que tiende a conservar lo que lo confirma, y se afirma así como una potencialidad que tiende a garantizar las condiciones de su propia realización.” (Bourdieu 2003, 266).

En síntesis, por medio del habitus se explica el rasgo impredecible de la conducta humana. Con esta categoría, Bourdieu propone la razonabilidad de la acción humana en lugar de la racionalidad individual. En esta categoría existe coincidencia con Thorstein Veblen, toda vez que con base en elementos de psicología y antropología, el institucionalista norteamericano plantea que la naturaleza humana difiere de aquella soportada en la concepción hedonista del cálculo de placeres y dolores, al respecto señala que el hombre “(…) no es un simple cúmulo de deseos que se satura al ponerse en la relación de fuerzas del ambiente, sino más bien una estructura coherente de propensiones y hábitos que busca su realización y expresión en la actividad desplegada” (Veblen 1898, 390).

Estas propensiones, allende los deseos, remiten a la importancia que Bourdieu le concede a las disposiciones subyacentes a la acción. Cabe aclarar que el francés le otorga un doble sentido a la disposición en tanto que capacidad además de propensión. Las disposiciones de las personas para llevar a cabo sus acciones se despliegan en los juegos sociales y dado que no hay lugar a juegos de azar, es posible hablar de constancia relativa, de una vocación de permanencia en el tiempo de las disposiciones. En particular, el juego económico acude a la teoría de juegos para predecir las conductas racionales que los jugadores adoptan de acuerdo con su estrategia maximizadora y cortoplacista que les permite obtener equilibrios, en muchos casos de suma cero. En contraste con esta prevalencia del juego económico, los habitus unidos a su constancia relativa le imprimen el carácter cooperativo al juego social de tal manera que los jugadores alcancen soluciones de suma positiva. En este sentido, cobra mayor relevancia la conclusión del pensador francés: “Las paradojas de la acción colectiva hallan su solución en unas prácticas basadas en el postulado tácito que los otros actuarán de manera responsable y con esta especie de constancia o de fidelidad a sí mismos que está inscrita en el carácter duradero de los habitus.” (Bourdieu 2003, 266).

3. Hacia una thesmología humanista

Es posible tender un puente que conecta la crítica de Bourdieu con propuestas también ubicadas en las antípodas de la ciencia económica tradicional, elaboradas por Thorstein Veblen y Karl Polanyi. El intelectual francés pone en tela de juicio el mecanismo de la ciencia económica por medio del cual se despoja a los actos y las relaciones de producción de su aspecto simbólico; este artificio pretende someter al agente y sus decisiones al modelo de pensamiento concebido desde la racionalidad del homo œconomicus en contraposición a la presencia del habitus históricamente constituido.

En esta aserción, es pertinente traer a colación la perspectiva crítica vebleniana que resalta las motivaciones no económicas como elemento primigenio de categorías centrales de la teoría económica recibida tales como la propiedad y la acumulación: en lugar del interés por la posesión de riqueza, predomina la emulación pecuniaria -ver nota 3- que busca el reconocimiento, la estima y el honor que concede la propiedad. Esto es, siguiendo a Veblen, que la acumulación de riquezas devela un deseo de trofeos antes que un deseo de riqueza.

Polanyi (1992, 56) por su parte, llama la atención respecto a la creación de mercancías ficticias7 que el mercado autorregulado8 requiere para su normal funcionamiento, situación en la cual se constituye la negación de la urdimbre social subyacente a la tierra, el trabajo y el dinero para darle cabida al reduccionismo economicista de la competencia y el libre mercado como determinantes de los tres asuntos en mención. Asimismo, el siguiente pasaje muestra la relevancia de las personas y de las motivaciones no económicas en el análisis del científico social austríaco:

La economía humana está sumergida por regla general en las relaciones sociales de los hombres. El hombre no actúa para salvaguardar sus intereses individuales en la posesión de bienes materiales, sino para salvaguardar su posición social, sus derechos sociales, sus activos sociales. El hombre valúa los bienes materiales sólo en la medida en que sirvan a este fin.

Pronto, los tres interlocutores de esta conversación encuentran que la búsqueda del interés económico personal olvida las razones no económicas que, en la vida práctica de las personas, delimitan la racionalidad y encauzan las decisiones por caminos sensatos adoquinados por las razones, las costumbres y las emociones.

Por otra parte, en sintonía con la crítica que Bourdieu le hace a Jon Elster, a quien ubica al lado de Gary Becker y James Coleman en el conjunto ortodoxo caracterizado por “su ultrarracionalismo estrechamente intelectualista (o intelectualocéntrico)” (2003, 267), resulta preciso plantear la discusión entre el espacio de los posibles del francés y el conjunto de oportunidad del noruego.

La segunda columna de la Tabla 1. La acción como producto de dos filtros muestra el proceso por medio del cual tiene lugar la acción individual elsteriana. A partir de un amplio conjunto de posibilidades aparecen las restricciones externas que delimitan la decisión a un conjunto de oportunidad y después, aparece el mecanismo interno por medio del cual se toma la decisión final. En esta perspectiva las acciones son explicadas por las oportunidades y los deseos, por lo que la gente puede hacer y por lo que desea hacer (Elster 1995, 24). La tercera columna muestra el proceso mediante el cual Bourdieu concibe la escogencia de acciones razonables entre las disponibles en el espacio de los posibles9, al respecto señala: “Las decisiones son sólo opciones entre posibles definidos, dentro de sus límites, por la estructura del campo, y (…) las acciones deben su orientación y su eficacia a la estructura de las relaciones objetivas entre quienes las acometen y quienes las soportan.” (Bourdieu 2003, 242).

Cabe anotar que el mismo Jon Elster (1995, 23) toma distancia del individualismo metodológico en el que lo inscribe Bourdieu, toda vez que de acuerdo con el filósofo noruego, este enfoque afirma lo siguiente: “La unidad elemental de la vida social es la acción humana individual. Explicar las instituciones y el cambio social es demostrar de qué manera surgen como el resultado de la acción y la interacción de los individuos.”

En contraposición a ello, Elster señala que son las acciones individuales en sí mismas las que requieren explicación. Además de principios racionales, aparecen en escena motivos de actuación como la satisfacción de alguna aspiración o la fortaleza o debilidad de la voluntad, así como creencias soportadas en la búsqueda de gratificación inmediata -principio del placer en lugar del principio de realidad-, propensiones autodestructivas. En síntesis, cobran importancia las decisiones irracionales provenientes de pasiones y emociones, momento en el cual razonabilidad y racionalidad abren la puerta al diálogo constructivo en lugar de la discusión entre sordos. De igual forma, vale la pena destacar que desde su denuncia de la amnesia de la génesis y su consecuente imposibilidad de la comprensión del mundo social, el sociólogo francés plantea su exhortación a: “(…) descubrir la contingencia histórica de lo que se ha instituido, ex instituto, y, al mismo tiempo, plantear la cuestión de las posibilidades laterales que han sido eliminadas por la historia y de las condiciones sociales de posibilidad de lo posible que se ha preservado.” (Bourdieu 2005, 72).

Se ratifica allí la imperiosa necesidad de reconocer el papel de las circunstancias que explican el origen de las instituciones conforme a la tradición, sus cauces y omisiones. La lógica de la agregación, propia del pensamiento económico y estadístico, es amnésica en el sentido de Bourdieu ya que comprende el accionar colectivo como el resultado de decisiones individuales que se pliegan unas a otras de manera mecánica. Esta lógica aditiva puede dar explicaciones satisfactorias a fenómenos sociales de carácter masivo, por ejemplo aquellas actividades en las que los agentes se caracterizan por la pasividad y la indiferencia; en este caso la acción individual diferente pasa desapercibida y la acción colectiva sigue siendo explicada por la lógica de agregación. Otra situación susceptible de comprensión vía lógica aditiva es aquella en la que la subordinación colectiva al liderazgo, ya sea carismático o déspota, reduce la acción individual a su mínima expresión o logra su cooptación. Por supuesto, nuestra realidad social está llena de ejemplos que resisten la lógica de la agregación debido a la existencia de condiciones monopólicas en medios de comunicación, economía y política que se traducen en prohibiciones, permisos o instrucciones para el quehacer diario. Sin embargo, su existencia coincide con nociones distantes de principios básicos de la condición social como la libertad y la justicia.

En este contexto, cobra importancia la thesmología, disciplina propuesta por Geoffrey Hodgson que centra su atención en “la naturaleza, formación y evolución de las reglas, normas y estructuras que constituyen el material institucional de la vida social” (Hodgson 2001, 348); sus bases conceptuales pueden hallarse en Thorstein Veblen y sus subdisciplinas cruciales tienen que ver con las instituciones políticas, los estudios organizacionales, la familia y el mercado. Asimismo, en clave interpretativa interdisciplinaria y en sintonía con la propuesta thesmológica, es posible hallar en Bourdieu una exhortación al diálogo constructivo de las ciencias sociales, promoviendo la apertura de la economía frente a otras ramas del saber que también se ocupan de la interacción social entre seres humanos.

A mi juicio, los logros en la comprensión agregativa son apenas contribuciones a descubrir la magnitud del peso de la inercia, su inevitabilidad y la imposibilidad de acciones correctivas en colectivo. En este sentido surge la necesidad de escudriñar más allá de los agentes representativos con el fin de dar a la persona humana la importancia que tiene. La erradicación de la amnesia de la génesis es un paso en la dirección correcta, tarea para la cual es preciso contar con el análisis histórico que dé cuenta de las circunstancias que explican las decisiones individuales y colectivas. Se necesitan estudios que emprendan la misión de develar motivaciones económicas y no económicas para la interacción social; es esencial comprender las condiciones en las que tienen lugar virtudes sociales como la cooperación, la confianza, la reciprocidad y la solidaridad. Bourdieu sintetiza el reto así: “el problema no es ya el de la elección, como en la tradición liberal, sino el de la elección del modo de construcción colectiva de las elecciones” (2005, 79).

4. Comentario final: diálogo de saberes

El institucionalismo denuncia el carácter excesivamente abstracto y deductivo de la corriente principal de la economía de su tiempo, debido a la arcaica visión utilitaria del hombre. Particularmente, los institucionalistas se quejaban de la desconexión entre modelos teóricos de competencia perfecta distantes de la realidad mundial de monopolios y hegemonía imperialista, pues estos críticos: “(…) deseaban hacer la economía más aplicable a los problemas sociales y utilizarla como instrumento de reforma (…) hacían notar la repercusión de la tecnología sobre la sociedad y la fuerza de las instituciones jurídicas y sociales al determinar las opciones humanas.” (Seckler 1977, 22).

Sin duda, se aboga por la interdisciplinariedad -señalada por Commons- en contraposición al sistema aislado y autorregulado propuesto por la economía estándar. Desde el punto de vista institucional, no es posible construir una teoría económica sin pensar en las motivaciones subyacentes a las acciones humanas, sin estudiar las fuerzas sociales que resisten o promueven el cambio social, sin comprender el marco jurídico de la sanción colectiva o sin entender las dinámicas de los grupos de interés. En mi opinión, la contribución institucionalista se sitúa en la exhortación a pensar la economía como ciencia social que concibe el sistema económico como un componente interdependiente de un todo humano y social, en lugar de pensarlo como sistema aislado e independiente. De acuerdo con Rodríguez (2001, 4), la corriente principal de la economía, esto es la escuela neoclásica: “(…) ha mostrado gran capacidad de adaptación por cuanto sin modificar sustancialmente su paradigma ha incorporado algunas de las críticas que se le han formulado desde otras perspectivas teóricas.”

Esta adaptación se hace evidente por ejemplo, mediante la incorporación de las organizaciones e instituciones económicas en el programa estándar de investigación, en lugar de concebir la empresa como una caja negra que no requiere ser analizada. En esta línea se inscriben las contribuciones de Schumpeter y Coase que destacan respectivamente, al empresario innovador como factor explicativo del cambio social y la organización jerárquica de la empresa en contraste con la organización descentralizada del mercado. Asimismo, el mecanismo de adaptación de las críticas como plataforma del desarrollo del pensamiento económico se manifiesta con la inclusión del riesgo y la incertidumbre en el aparato conceptual neoclásico. De allí se desprende el interés por el estudio de las expectativas, la racionalidad limitada, el papel de la información asimétrica y más tarde, en los setentas, se da origen a las teorías de los derechos de propiedad, la agencia y los costos de transacción (Rodríguez 2001); todo lo cual da lugar al surgimiento de la teoría neoinstitucionalista que pretende cooptar las contribuciones nacidas de la visión crítica original de las primeras décadas del siglo XX.

No obstante, es posible hallar argumentos que separan la corriente principal de las contribuciones institucionalistas; por ejemplo, con base en ideas de Pranab Bardhan y Peter Evans, Gerald Meier es escéptico respecto a la capacidad de adaptación de la economía neoclásica y señala un amplio terreno olvidado por los pensadores adscritos a esta escuela:

La economía neoclásica institucional ha tendido a enfocarse en las instituciones que mejoran la eficiencia distributiva y ha considerado que los cambios en los precios relativos sean la principal fuerza que motive el cambio institucional. Sin embargo, el cambio institucional también involucra un cambio redistributivo. Esto aviva los aspectos de acción colectiva, poder de negociación, capacidad estatal y procesos políticos que la economía institucional neoclásica ha ignorado (Meier 2002, 17).

En este sentido, Hodgson va mucho más allá cuando presenta el argumento de la optimización racional dependiente de reglas cuya causa primera exige una comprensión del comportamiento humano en especificaciones de la conducta multifacéticas, contingentes y complejas. En una nota al pie de página, el pensador inglés señala lo siguiente:

La economía neoclásica se puede considerar como un caso especial (muy restrictivo) de la “vieja” economía institucional, que aceptaba la ubicuidad de los hábitos y las reglas. En contraste con su imagen de miopes recolectores de información antiteóricos, los institucionalistas pueden alcanzar un nivel más alto de generalidad teórica (Hodgson 2000, 18).

Para finalizar, es posible asegurar que la corriente interdisciplinaria, evocada desde los orígenes institucionalistas, tiene en sus manos la posibilidad de enriquecer el estudio de las instituciones desde la riqueza emanada del trabajo conjunto entre humanistas, filósofos, economistas, politólogos, sociólogos, psicólogos en diálogo permanente con las ciencias básicas como la biología y otras exactas como las matemáticas. En este sentido se inscribe el reto intelectual del diálogo de saberes que permita obtener “(…) respuestas en cuanto a los orígenes de las creencias culturales y cómo ellas conducen al cambio institucional y a la formación de capital social a través del tiempo. Es necesaria la investigación interdisciplinaria para comprender los obstáculos que hay en el cambio en la forma de valores e instituciones.” (Meier 2002, 21).

Citas de pie de página

1. Este artículo se deriva del proyecto de investigación “Instituciones, comunidad y políticas públicas”, proyecto financiado por la Universidad EAFIT y adscrito al Grupo de Investigación “Estudios sobre Política y Lenguaje” (Categoría A1 Colciencias)

2. Artículo publicado en La Revue du M.A.U.S.S. (Mouvement anti-utilitariste dans les sciences sociales), citado en Rodríguez, 2001.

3. El texto original reza: “That is what is meant by calling them institutions; they are settled habits of thought common to the generality of men” (Veblen 1909, 626).

4. Con base en su descripción del ocio y la propiedad como instituciones resultantes de la misma conjunción de fuerzas económicas, Thorstein Veblen destaca la utilidad de la riqueza “como demostración honorífica de la prepotencia del propietario” (2005, 31) y sostiene que la motivación subyacente de la propiedad reside en la emulación. Dada la valoración comparativa -individious distinction-, la posesión de la riqueza representa un grado de éxito honorable, base de estimación y reputación, al que se encaminan muchos esfuerzos de la acción humana.

5. Previsión se entiende aquí como “la capacidad para ser motivado por las consecuencias a largo plazo de la acción [es] una explicación posible del dominio de sí mismo” (Elster 1995, 50). Por tanto, puede esperarse que la actitud orientada por la previsión conduzca a una interacción estratégica en sintonía con el interés social: prudente, constructiva y considerada con los demás.

6. Por ejemplo, el primer título de la obra más estudiada de Veblen fue The Theory of the Leisure Class: an Economic Study of the Evolution of Institutions.

7. Karl Polanyi asegura que ni la mano de obra, ni la tierra ni el dinero son mercancías. La primera es una actividad humana, la segunda es naturaleza y el dinero es apenas un símbolo de poder de compra. No obstante, debido al advenimiento del proceso de compraventa de dimensión no sólo local, sino también nacional e internacional, estos tres elementos “debían transformarse en mercancías para mantener en marcha la producción” (Polanyi 1992, 84). Esta ficción convertiría al ser humano en un accesorio sujeto a la dictadura del sistema económico.

8. Polanyi define el mercado autorregulado como el mecanismo que ordena la producción y distribución de bienes bajo “un sistema económico controlado, regulado y dirigido sólo por los mercados” (1992, 77).

9. El segundo filtro de Bourdieu también puede asociarse a lo que Rodríguez describe como “un campo de lucha donde los agentes dotados de recursos diferentes se enfrentan para acceder al intercambio y conservar o transformar la correlación de fuerzas existentes” (2001, 68).


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