Continuidades y discontinuidades del clientelismo y del familismo en la forma de hacer política en Tumaco (Colombia)

Continuities and Discontinuities of Patronage and Familism in The Way of Doing Politics in Tumaco (Colombia)

Continuidades e descontinuidades do clientelismo e do familismo na forma de fazer política em Tumaco (Colombia)

Edgar Armado Rosero García
Universidad de Nariño, Pasto - Colombia
armaroga87@gmail.com

Recibido: 07.09.2011
Aprobado: 16.04.2012


Resumen

En este artículo se desarrolla una breve descripción sobre el proceso político electoral del municipio de Tumaco (Nariño), a partir de la comparación de las elecciones para la alcaldía y el Concejo Municipal efectuadas en el periodo 1988 – 2007, en las que se observa la lucha por el poder político local entre las distintas fuerza políticas, teniendo incidencia en los diversos escenarios institucionales. Adicionalmente se expone cómo la administración municipal ha estado cooptada por actores políticos tradicionales quienes, a través del sostenimiento de relaciones de clientela, han logrado conservar el control del poder político local. A esto debe sumarse la aparición de actores armados ilegales en la zona, los cuales han condicionado a los diferentes gobiernos.

Palabras Clave: Gobierno Local, Administración Municipal, Reforma Política, Clientelismo, Parentesco, Clan, Tumaco.


Abstract

This article develops a brief description of the electoral political process in the municipality of Tumaco (Nariño), from the comparison of elections for the Mayor and the Municipal Council carried out in the period 1988-2007, which shows the struggle for local political power among the different political force, having impact in various institutional settings. Additionally sets out how the municipal administration has been co-opted by traditional political actors who, through the maintenance of client relations, have retained the control of local political power. To this add the presence of illegal armed groups in the area, which have conditioned the different Governments.

Key words: Local Government, Municipal Administration, Political Reform, Patronage, Kinship, Clan, Tumaco.


Resumo

Este artigo desenvolve uma breve descrição do processo eleitoral político no município de Tumaco (Nariño), a partir da comparação das eleições para prefeitura e Câmara Municipal de Vereadores, no período de 1988 a 2007. Nessas eleições observa-se uma luta pelo poder político local, entre as diferentes forças políticas e seu impacto dentro de vários contextos institucionais. Expõe-se como a administração da cidade foi cooptada por atores políticos tradicionais, que através da preservação de relacionamentos clientelistas conseguiram manter o controle do poder político local. Somado a isso, deve considerar-se o surgimento de grupos armados ilegais na área, que têm condicionado os diferentes governos.

Palavras-chave: Governo Local, Administração Municipal, Reforma Política Clientelismo, Parentesco, Clã, Tumaco.


Introducción

Este artículo se genera a partir de un estudio de caso sobre fuerzas políticas, condiciones de vida y modo de gestión implementado en el municipio de Tumaco, ubicado en la costa Pacífica nariñense, presentado en la Universidad del Cauca como requisito para la obtención del título de Politólogo. En él se analiza la relación entre la persistencia de actores políticos tradicionales y algunas reformas institucionales, con las condiciones de vida de los habitantes del municipio. Con esta investigación se pudo observar algunos rasgos particulares de la actividad política municipal, donde se destaca la práctica clientelista expresada en la prevalencia de maquinarias políticas en los espacios institucionales municipales.

Por esta razón es conveniente dar una breve descripción del proceso político electoral municipal, comparando las elecciones para la alcaldía y el Concejo Municipal efectuadas entre 1988 – 2007. Ahí se evidencia la lucha por el poder político local entre las distintas fuerzas políticas, y su incidencia dentro de los distintos escenarios institucionales. Para ello se parte de la identificación de algunos principios de agregación y cooperación social como el parentesco y la afinidad, que definirán la formación de la clase política en el plano urbano local, y, posteriormente, se resalta la importancia de la corresidencia en un territorio común, en este caso la ampliación del espectro urbano hacia el rural, y la agrupación de asociaciones expresadas en la formación de un movimiento político con participación en la escena local, regional y nacional, utilizando hábilmente el discurso público con el fin de legitimar su autoridad.

Así, hacia mediados del siglo XIX, la llegada de migrantes extranjeros a Tumaco, estimulada por el auge de la economía extractiva en Colombia, significó no sólo la consolidación de este tipo de economía en la zona, sino una reproducción de un régimen xenófobo excluyente basado en una marcada división entre la nueva élite blanca y los recolectores negros. De este modo, las relaciones se restringían al campo económico en donde, a través del endeudamiento, la pequeña élite generaba vínculos de lealtad y dependencia por parte de las negritudes locales, con lo cual las relaciones económicas se convirtieron en relaciones de poder, configurando así el orden político local.

Asimismo, el aislamiento geográfico y la incapacidad Estatal para ejercer presencia y control en el Pacífico colombiano, fueron factores decisivos en la consolidación del patronazgo y el clientelismo como prácticas políticas por excelencia en el ámbito local. De esta forma, el Estado entregó facultades a notables locales para que actuaran como representantes de las disposiciones nacionales y fueran mediadores de los problemas locales, concentrando así algunos de los escasos beneficios que el Estado otorgaba a la municipalidad como los recursos de educación, salud y sobre todo, de las decisiones públicas. Con este escenario, el gobierno local se estructuraba y operaba de manera cerrada y los asuntos locales eran manejados como problemas de redes de relación familiares para satisfacer y servir a un círculo restringido de intereses e individuos. Dicho de otra forma, la endogamia fue el mecanismo idóneo utilizado por la clase dominante para mantener los límites entre los grupos sociales y proteger su calidad de comunidad exclusiva, permitiendo el mantenimiento del estatus social, económico, cultural y político de la pequeña élite blanca que se manifestaba como delegada de la sociedad local.

Por otra parte, el aumento de las riquezas, producto del crecimiento de la economía extractiva (especialmente del mercado de la tagua a nivel mundial), así como un crecimiento de la administración estatal, motivaron el surgimiento de una clase media urbana conformada por sectores de artesanos, maestros y abogados, quienes en un principio tenían una mayor proximidad y relaciones con la élite blanca pero que, años más tarde, expresarían la reivindicación de los sectores tradicionalmente marginados.

En este contexto, el escenario urbano ocupó un lugar estratégico en el desarrollo de las relaciones socioeconómicas y políticas, en detrimento de la zona rural pobre, atrasada y de gentes con “malas costumbres”. Dicha situación constituyó la base del posterior surgimiento de nuevas facciones de clase y liderazgos políticos en la población nativa-rural, que reconocían la importancia del Estado nacional en los procesos de desarrollo local y se convertirían, con el paso de los años, en un contra poder (alternativa) de la administración hegemónica local.

1. Contexto socio-histórico

Desde la independencia el Estado colombiano se ha reconocido por su desorden institucional y su precaria legitimidad. La mentalidad paternalista heredada del modelo de hacienda; la constitución de un régimen de partidos de notables con fuertes restricciones a la participación; las luchas partidistas por el control del poder político desencadenadas en guerras civiles; la prevalencia de una élite económica y política en el poder; la implantación de modelos y proyectos de desarrollo económico no acordes con la realidad nacional sustentados, y la instauración del clientelismo y el autoritarismo como ejes articuladores del sistema, han propiciado la desinstitucionalización del Estado pese a los cambios adelantados en su aparato institucional (Palacios 2003; Roll 2001; Velásquez y González 2003).

Dicha situación facilitó la formación y consolidación de poderes locales que con el tiempo, se configuraron en contrapoderes de las disposiciones nacionales, presentándose una confusión en la idea de lo público en función de lo privado; dicha confusión se expresa en la utilización particular de los recursos públicos por parte de actores locales, los cuales buscaban incrementar su botín electoral y clientelista (Leal y Davila 1997). De este modo, los actores políticos tradicionales lograron mantener su lugar privilegiado a nivel municipal, dando lugar a tensiones en el ejercicio del liderazgo y a las nuevas formas de relación entre la sociedad y el Estado en el plano local.

Tumaco no fue la excepción a esta situación. Tradicionalmente rural, el municipio sufrió una rápida transformación a razón de una fuerte migración de población caracterizada por tres factores. La primera, la llegada de migrantes europeos: alemanes (Kaiser, Seidel, Heinan), franceses (Pochard, Collar, D`haro), ingleses (Woodcok, Wills, Towards) e italianos (Escrucceri Donorotí, hoy Escrucería, Manzi, Menicalí, Shira), asociados al auge comercial del caucho y la tagua. Asimismo, con la caída de Barbacoas como centro económico y social del Pacífico nariñense, motivada por la crisis del modelo de extracción aurífera de tipo esclavista, Tumaco se convirtió lentamente en la ciudad preeminente de la región debido al activo comercio y a la riqueza de sus habitantes, (Hoffmann 1999a, 39) motivando el desplazamiento de poblaciones de Barbacoas y otras regiones del país. Finalmente, el comercio del caucho y la tagua propició las migraciones de afrocolombianos libres bajo el proceso de manumisión, a las riberas de los ríos y zonas aledañas del municipio desde donde se vinculaban al proceso productivo contribuyendo con la recolección y transporte al casco urbano de la semilla de tagua.

La ciudad se convirtió en un espacio que “inició a ser literalmente construido como producto de necesidades de las élites blancas que requerían de centros administrativos, coordinación de actividades económicas y control del poder político” (Agudelo 2002, 7), las cuales, a través de una serie de negociaciones, lograron detentar el poder político municipal y a su vez, obtener un alto grado de aceptación social en una zona pobre, con alta concentración de población afrocolombiana y con precarios vínculos con la región y la nación.

Estas negociaciones pueden clasificarse en dos tipos: las primeras de tipo social expresadas en uniones maritales, que garantizan la prevalencia de esta clase en el poder, evitando la participación de habitantes nativos, negros e indígenas e implementando, en un primer momento, un discurso xenófobo excluyente. Las segundas fueron de tipo comercial, espacio donde la élite blanca monopolizó las actividades extractivas y los negocios con el interior del país y el mercado internacional a través de la creación de casas comerciales, que solían tener un sólo dueño y llevar su nombre, con su respectivo puerto, restringiendo la posibilidad de ascenso social en Tumaco.

La relación entre estos comerciantes y las poblaciones negras e indígenas estuvo mediada por el endeudamiento. “Los comerciantes proveían a los recolectores de los bienes necesarios para su manutención a cambio de que estos últimos pagaran la deuda adquirida en tagua. El precio al que se avaluaban las semillas era inferior al del mercado” (Leal 2005, 8) asegurándose el control sobre el mercado local, y perpetuando el vínculo entre recolector y comerciante. Esta relación compensó la falta de capital en la región producto de la incapacidad de control e inversión estatal.

Asimismo, la desigualdad socio-racial produjo efectos económicos y políticos a nivel local, los primeros expresados en la consolidación de dos clases sociales: la minoritaria élite comerciante blanca y la mayoritaria y mal pagada mano de obra afrocolombiana, creando un círculo de pobreza y dependencia que favoreció la práctica del paternalismo. Respecto al ámbito político, las ideologías incluyentes en un discurso construido a partir del reconocimiento de categorías identitarias sin distinciones raciales, transformaron la exclusión socio-racial en una cuestión de carácter colectivo, dando sentido de pertenencia y participación a un sector históricamente marginado (Hoffmann 1999b, 39). Esta situación permitió la consolidación de una estructura dominante en el plano local, con participación en el plano regional y nacional: el Clan Escrucería, el cual logró aglutinar liderazgos blancos y negros, garantizando así su supremacía en la vida política municipal durante gran parte del siglo XX (1930 – 1990).

1.1 Formación de la estructura política dominante en Tumaco

Como se sugirió anteriormente, la consolidación de poderes locales resultante de la fragmentación regional que ha caracterizado a Colombia ha sido uno de los factores que han incidido en la tardía modernización del Estado, toda vez que han monopolizado la actividad política y económica, evitando el ascenso y la participación en el poder de movimientos disidentes. La verticalidad del sistema de relaciones y la estructura social constituían un escenario ideal para la institucionalización de la familia como un actor fundamental. “No sólo es un nicho y una institución sino un patrón cognitivo que enseña cómo hacer cosas, formar redes y actuar en el mundo” (Gutiérrez y Ramírez 2002). De esta forma se garantizaba, no sólo la supremacía de una familia en el poder, sino que se aseguraba su participación en el plano nacional y regional a través de la cooptación de nuevos liderazgos y, en la mayoría de los casos, de votos.

En relación a la vida política nacional, históricamente el Pacífico nariñense, incluyendo Tumaco, ha apoyado al Partido liberal (Agudelo 1999). En este sentido, y siguiendo la clasificación de Patricia Pinzón (1989), el municipio se ha definido partidistamente como Liberal y en ocasiones de control partidista.

Entre las fuerzas políticas dominantes podemos caracterizar el Clan Escrucería, específicamente su brazo político el ‘betismo’ y los movimientos disidentes de este (el antibetismo) donde sobresalen el nilismo y el roserismo. Sin embargo, en este trabajo se pone en consideración una cuarta fuerza denominada “independientes”, resultante de la inconformidad ciudadana frente a las condiciones laborales, la poca atención y satisfacción a las demandas sociales, la exclusión de amplios sectores sociales de los sectores de participación política, los cuales en un primer momento se convirtieron en un sector de apoyo para los candidatos disidentes del Betismo, como se describe más adelante.

1.1.1 El Clan Escrucería

Después del ocaso del modelo extractivo de tagua a finales del siglo XIX, los años siguientes estuvieron marcados por un crecimiento urbano acelerado y por la aparición de un nuevo actor político en la escena local: el Clan Escrucería. Hasta ese entonces, el liderazgo político en la región estaba fragmentado y era ejercido por jefes micro-locales que “eran incapaces de proyectarse a nivel nacional y regional” (Rodríguez 2004, 95).

Para entender la génesis del Clan Escrucería, resulta necesario reconstruir las trayectorias familiares que permitieron su consolidación. Así, a comienzos del siglo XX, el poder político en el municipio era detentado por hijos de inmigrantes europeos que configuraban “micro poderes locales”. Entre estos hijos de inmigrantes se destacaron dos figuras a principios del siglo XX. El primero de ellos, Julio César Delgado Girón, considerado un político prestante del litoral Pacífico nariñense y Representante a la Cámara por el departamento de Nariño en cinco ocasiones. Fundó el Movimiento Tumaqueñista de corte liberal, el cual se convertiría años más tarde en la base del Movimiento Betista (Escrucería 2003). Su propósito inicial era enfrentarse a la política del “llorentismo” de estirpe barbacoana, liderado por Efraín Llorente Ortiz oriundo de Barbacoas, para lo cual desarrolló un discurso justificado en la estigmatización regional. Sin embargo, pese a rivalizar en el campo político, la oligarquía local se encargó de negociar con los nuevos grupos (familias) provenientes de barbacoas (Los Llorente entre otros), dando lugar a la cohesión interna de una agrupación a través de la conformación de una red de relaciones interpersonales.

La hermana de Julio Cesar Delgado Girón, Soledad Delgado, contrajo nupcias con Samuel Escrucería Bustos, comerciante prestante de tagua, resultando de este matrimonio la unión de dos familias con prestigio en el plano local: los Delgado en el campo político-económico, y los Escrucería en el sector comercial. Producto de esta unión, nació Samuel Alberto Escrucería Delgado “Beto”, personaje que revolucionó la vida política local en la década de 1960. Dio un giro político en Tumaco. A diferencia de sus antepasados, estableció relaciones con políticos del litoral nariñense, especialmente la zona rural, lo que le facilitó luego la consecución de una curul en la Cámara de Representantes.

Para hacerlo, “Beto” Escrucería se valió de dos situaciones complementarias: la implementación de relaciones de tipo clientelar (por medio de la oferta de ciertos bienes y beneficios a la comunidad), y el aislamiento geográfico. Estas situaciones le permitieron la construcción de su capital político a partir de una reivindicación de identidad, cimentada sobre la idea de una discriminación histórica de la población negra: “la Identidad Tumaqueña.”1 De esta forma emergió como el representante ideal. Oriundo de la élite blanca extranjera pero nacido en Tumaco, personificaba el tipo de dirigente que el municipio necesitaba. Por esta época contrajo matrimonio con María Manzi, hija de Humberto Manzí, donde nació Samuel Alberto Escrucería Manzi. Esta alianza matrimonial permitió la unión de dos familias dominantes, resultando con ello la aparición y la consolidación del Clan Escrucería.

En el discurso de Beto predominaba el llamado a solidarizarse en torno a un sólo objetivo: la reivindicación del pueblo tumaqueño frente a la discriminación histórica de Pasto, capital del Departamento. Con esto se logró identificar un enemigo común responsable de los problemas locales, permitiendo agrupar y representar por medio un grupo organizado, los intereses y valores comunes del conjunto de un pueblo dividido racialmente, a través de un líder capaz de crear un foco de lealtad hacia el pueblo que, de otro modo, estaría dividido y opuesto.

1.1.2 El Antibetismo

Entre los años 1960-1980 apareció y se consolidó en la escena política municipal otro actor importante, la familia Kaiser, de origen Alemán. Antibetista declarado, este grupo familiar, al convertirse en una fuerza política importante en Tumaco, empezó a disputarle el poder al Clan Escrucería. Mientras que éste último tenía gran importancia en la zona rural de Tumaco, los Kaiser eran más reconocidos en el casco urbano del municipio. De esta forma, a mediados de 1980, la figura visible de esta familia y líder político local, Ernesto Kaiser,2 conformó una alianza Antibetista con jefes políticos nacientes, parientes de dueños de minas y comerciantes regionales como Jesús Rosero Ruano (Chucho)3, quien a principios de la década de 1980 creó el Movimiento del Pueblo, también conocido como el “roserismo”.

Surgió en 1984 como resultado del descontento de un grupo de amigos y académicos con intenciones firmes de incursionar en la política municipal y derrocar a la fuerza política vigente de ese entonces; el clan Escrucería. La nueva forma de hacer política consistía en una política participativa y programática. Participativa en el sentido que era la gente la que expresaba su descontento y exponía sus necesidades puesto que se desarrollaba una serie de propuestas a partir de la exposición de los casos. Así mismo el movimiento centró su accionar en el desarrollo y aprovechamiento de liderazgos locales para ser aspirantes al Concejo (Rosero 2008).

Por la misma época apareció en la escena política Tumaqueña Nilo Del Castillo Torres4. Del Castillo, a través del Movimiento Popular Independiente, representa los intereses de los blancos y mestizos de la zona costera del norte de Tumaco en donde se encuentra San Juan, San Sebastián y Playa Caballos, que no permitieron cruce con los nativos negros. Como sugieren algunos habitantes del sector (comunicación personal, Agosto 2007), Del Castillo “nunca ha tenido un proyecto político encaminado al desarrollo regional. Por el contrario, su labor política se ha tornado en función del beneficio personal, forjando alianzas u otro tipo de maniobras para beneficio propio.” La creciente importancia de este político local habría de conformar otra de las corrientes dominantes en Tumaco: el nilismo.

Así pues, al igual que en otras ciudades de Colombia, a finales de los años ochenta se presentó en Tumaco un conjunto de fuerzas que, dentro del liberalismo, se disputaban el control del poder político local (Agudelo 2002)5. Los antecedentes, así como la forma en que la dinámica de antagonismos se produjo entre estos grupos articulados a fuertes vínculos familiares y de nepotismo (por ejemplo, en las figura de delfinazgos), constituye un marco interpretativo que permite entender la lógica del proceso político tumaqueño tras las reformas introducidas al sistema político a finales de los años ochenta.

A lo anterior se debe sumar que el proceso político de la región ha estado acompañado paralelamente de la dinámica económica que ha sustentado las prácticas de explotación y de dominación política, vinculándolas. El auge maderero y las primeras inversiones en la agroindustria de palma africana, se consolidaron como los proyectos económicos a desarrollarse en Tumaco bajo el discurso de progreso, desarrollo y crecimiento económico, como elementos necesarios para mejorar las condiciones de calidad de vida en la región. Años más tarde se demostró que estos procesos sólo generaron pobreza y desarticulación del tejido humano, y produjeron el aumento de la violencia, elementos bases para la posterior llegada y legitimización del narcotráfico en la zona.

1.1.3 Independientes

El sector de los llamados independientes puede clasificarse en dos categorías: en la primera puede enmarcarse aquel sector resultante de una serie de inconformidades frente a la manera de gestionar los recursos por parte de la administración municipal, así como una serie de pequeños sectores sindicalizados en pro de una mejor condición laboral, los cuales serían la base de futuros movimientos sociales que se convertirían en la base político-electoral de la primera coalición que derrotó al clan Escrucería.

Entre algunas movilizaciones se destacan las que se presentaron entre 1976 y 1977 debido al cierre de Maderas y Chapas de Nariño, en las cuales se reclamaba por el no pago de salarios y prestaciones sociales, siendo esta empresa la principal fuente de empleo en la zona. En 1982 hubo otra movilización en contra de ECOPETROL por un derrame de petróleo, y a partir de este evento se conformó la Junta Cívica de Mejoras y Defensa de los Intereses de Tumaco, liderada por miembros de la clase media, académicos y escasos militantes políticos pertenecientes al MOIR y al PC. Este movimiento se desarticuló en 1986 debido a pugnas internas entre sus dirigentes, convirtiéndose así en un antecedente directo del Movimiento Tumaco Alerta S.O.S., fundado en 1987 y conformado por comerciantes, académicos, estudiantes y la población en general. Este movimiento tuvo un amplio reconocimiento y participación en la movilización conocida como el Tumacazo6 de 1988.

Estos levantamientos incidieron dentro del orden partidista municipal, presentándose como casos atípicos (considerados como triunfos por los partidos independientes o distintos al Partido Liberal). Las elecciones de Teódulo Oberman Quiñones en 1992 tuvieron apoyo de movimientos cívicos como Tumaco Alerta S.O.S y la Junta Cívica, convirtiendo su candidatura en un movimiento cívico popular. En este contexto, también participan el gremio de los pescadores, madereros, trabajadores del arte y la cultura, madres comunitarias y Newton Valencia quien viene del Movimiento Minga de corte rural, con influencia en la zona de los ríos. Lo anterior, producto de un trabajo del convenio CVC Holanda7, que trabajó en la creación de organizaciones comunitarias y proyectos productivos con base en el coco y el cacao en Tumaco, apoyado por el Liberal Nilo Del Castillo Torres8.

En la segunda categoría pueden clasificarse aquellos actores que están por fuera de las filas del Partido Liberal, y aquellos que su papel será más notorio con el auge del narcotráfico en la zona, el cual contribuyó en la financiación de campañas políticas (Kaiser 2008), interviniendo en la elección del gobernante de turno, de los integrantes y las decisiones al interior del Concejo Municipal. Bajo esta lógica, el control del poder político municipal no sólo brinda al narcotraficante una posibilidad de protección y obtención de ingresos legales, sino que se convierte en el instrumento de legitimización social en la vida local municipal (GTZ 2008, 26).

A continuación se presenta un breve análisis electoral que explica las transformaciones sufridas en el espacio político-electoral, que muestra la disminución de la participación del clan Escrucería y la aparición de nuevos sectores políticos que, sin embargo, continuarían replicando algunas de las formas de hacer política del betismo en Tumaco.

1.2 Primera elección popular en Tumaco: Erick Seidel Santos

La primera elección fue ganada por uno de los candidatos del liberalismo, Erick Seidel. Aunque Seidel no representaba formalmente al oficialismo del Partido Liberal, sí lo hizo por una facción de éste: el movimiento Betista, brazo político del Clan Escrucería. La elección de Seidel obteniendo el 55,6% del total de votos por los candidatos, así como la obtención de ocho de los quince curules del Concejo Municipal, demuestra el alto grado de lealtad de los habitantes de Tumaco frente al Clan Escrucería.

De igual manera, el Partido Liberal obtuvo un total de catorce curules, demostrando así su importancia dentro de la política de Tumaco. Entre las facciones liberales del Concejo Municipal se encuentran la de Nilo Del Castillo con el Movimiento Popular Independiente Liberal, y el Movimiento del Pueblo, dirigido por Jesús Rosero Ruano, reconocidos Antibetistas aunque en ocasiones aliados9.

En septiembre de 1988 y tras un mes sin la prestación de fluido eléctrico y agua, producto de los malos manejos por parte de la administración municipal y el abandono del gobierno central, se presentó en Tumaco una movilización colectiva reconocida como el Tumacazo, integrada por movimientos como Tumaco Alerta S.O.S, que convocó a una manifestación de protesta donde se izó la bandera de Colombia a media asta y se leyó una proclama, en la que se anunciaba que “de continuar la indiferencia del gobierno con nuestros problemas, nos veremos en la penosa obligación de continuar en el proceso hasta lograr la separación definitiva de nuestro territorio de la República de Colombia” (Semana 1988).

1.3 El Antibetismo consigue el poder municipal: Ernesto Kaiser

El periodo electoral de 1990-1992 estuvo marcado por un hecho que cambió la política de Colombia: la constitución de 1991. En las elecciones de 1990 se presentó por primera vez a nivel local, una coalición entre facciones del Partido Liberal, terceras fuerzas conformadas por movimientos cívicos y sectores independientes, lo que significó una ruptura con el régimen tradicional.

La apertura electoral permitió el ascenso de nuevas organizaciones y liderazgos locales reivindicativos excluidos durante gran parte del siglo XX, portadores de cierta renovación en la acción política, así como el surgimiento de nuevas formas de voto sustentadas en una identificación programática y contestataria frente a las opciones políticas tradicionales como la de los sectores académicos y profesionales. Este aspecto resulta importante puesto que fue el primer enfrentamiento directo entre la familia Escrucería y sus opositores por el poder político municipal expresado en la alcaldía. Resultó triunfante la coalición encabezada por Ernesto Kaiser Mendoza, reconocido Antibestita, derrotando a María Manzi de Escrucería, esposa de Samuel Alberto Escrucería Delgado (“Beto”).

La coalición alineaba al “roserismo” y al “nilismo”, así como a una nueva fuerza independiente: el Movimiento Convergencia Costeña “Conco”, que reunió a las fuerzas cívicas como “Tumaco Alerta S.O.S” y “La junta cívica”, además de disidentes del betismo diferentes al “nilismo” y el “roserismo”. Con proclamas expresadas en panfletos distribuidos en las calles del municipio, declararon la instalación del movimiento como un actor político alternativo en Tumaco:

Tradicionalmente Tumaco y la costa han sido dominados política y administrativamente por cuatro o cinco familias locales, apoyados en los títeres de turno: Todas esas familia se han caracterizado por el abuso feroz del poder y despilfarro de los dineros del municipio en su solo beneficio, dejando tiradas por el camino banderas y obras de desarrollo regional, como fueron la renuncia impopular al ferrocarril, el cierre definitivo del puerto mercante (…) Para ello, un conglomerado de personas de las más distintas tendencias políticas hemos integrado el MOVIMIENTO CONVERGENCIA COSTEñA “CONCO”, basado en el pluralismo ideológico, buscando entre otros, conquistar a los abstencionistas y las gentes sin partido (…) orientado al CAMBIO GENERACIONAL, en lo que a mentalidad política y administrativa refiere (CONCO 1989).

El “CONCO” lanzó a Santiago Salazar como candidato único, derrotando, en una gran asamblea realizada en el coliseo municipal, a Jesús “Chucho” Rosero y Nilo Del Castillo. La victoria de un candidato no perteneciente a los grupos dirigentes locales, despertó una reacción de inconformidad. De hecho, desconociendo la legitimidad de la decisión de la asamblea popular, Del Castillo se negó a aceptar la victoria de Salazar, amenazando con postular su candidatura a la alcaldía y deshaciendo la alianza entre el CONCO y los grupos políticos Antibetistas. Con la intención de no perder la unidad del movimiento, se hizo un acuerdo entre las fuerzas cívicas y Del Castillo, resultando electo como candidato único para estas elecciones Ernesto Kaiser.

Estas elecciones dieron como ganador a Kaiser (representante de la coalición), quien obtuvo el 59% del total de la votación por candidatos. En ese año el Partido Liberal fue el único partido con representación en las elecciones para alcalde, obteniendo el 99,9% de la votación. Del mismo modo, éste obtuvo trece de los quince curules en el Concejo Municipal. Sin embargo y pese a la derrota en la alcaldía, cuatro curules del Concejo fueron logrados por la familia Escrucería. Vale la pena resaltar el hecho que Nilo Del Castillo y Jesús Rosero Ruano aparecieron de nuevo dentro de los concejales electos. A pesar de esta victoria, el poder político continuaba siendo detentado por representantes de la pequeña élite blanca local.

1.4 Teódulo Oberman Quiñones: primer alcalde afrodescendiente en Tumaco

Las elecciones para la alcaldía de 1992 fueron atípicas dentro de la historia política de Tumaco. Fue la primera victoria electoral de un Movimiento alternativo por fuera del Partido Liberal para este cargo en Tumaco, pero apoyado por una de sus facciones, el “roserismo”. Teódulo Oberman Quiñones, quien para esta elección apeló a la identidad étnica afro y a las reivindicaciones sociales como sus principales argumentos electorales, se convirtió en el primer alcalde negro elegido por voto directo en el municipio.

Para estas elecciones se presentó una división dentro del Clan Escrucería motivada por la candidatura de María Leonora Escrucería para la alcaldía municipal de Tumaco, por lo cual Samuel Alberto Escrucería Manzi, su hermano, la desautorizó públicamente, argumentando que ella estaba inhabilitada para lanzar su candidatura por el escándalo de peculado en la Caja Agraria de Tumaco de 1978. Finalmente, Escrucería Manzi apoyó la campaña de Diego Escrucería, su primo (Hoffmann 1999b, 50). Quiñones derrotó a Nilo Del Castillo por tan solo 54 votos, obteniendo el 31.9% de la votación total por candidatos. Además esta contienda fue la segunda derrota consecutiva de la familia Escrucería en las elecciones para la alcaldía municipal, demostrando las grandes expectativas que se generaron en la población municipal.

Del mismo modo, al ver que la candidatura de Quiñones era creciente, empezó a darse un respaldo político por parte de las diferentes organizaciones y grupos políticos con mínima convocatoria10, obteniendo el respaldo de 38 aspirantes al concejo los cuales nueve resultaron electos. De este forma Quiñones consiguió la mayoría del Concejo Municipal. Posteriormente se adhirieron al proyecto de Quiñones el resto de concejales electos, logrando la mayoría absoluta de la corporación.

La administración de Quiñones generó mucha atención en amplios sectores de la población, que veían en el nuevo alcalde una oportunidad de cambio. Ernesto Kaiser durante su mandato disminuyó la deuda municipal y aumentó el ahorro público, por lo cual se esperaba de Quiñones una administración eficiente y honesta así como la consolidación de asociaciones comunitarias. “Teódulo fue un alcalde que modernizó la ciudad, dio protagonismo a la asociación de municipios del Pacífico pero decepcionó por su manejo tradicional de las cuentas” (Hoffmann 1999b, 50).

Quiñones traicionó a sus colaboradores respaldando en las elecciones de 1994 a Jesús Rosero Ruano, uno de los líderes políticos del municipio, y evitando así la consolidación de cualquier tipo de movimiento alternativo dentro del poder político municipal, principal expectativa que generó su campaña. A pesar de esto, Rosero Ruano fue derrotado por Del Castillo en las elecciones de 1994. Sin embargo, en el Concejo Municipal se presentaron una serie de cambios: aparecieron nuevos movimientos por fuera del Bipartidismo, hecho atípico en elecciones anteriores. Entre estas nuevas fuerzas se encontraban el Movimiento de Integración Popular y Campesina (MINGA) que alcanzó dos curules, la alianza democrática M-19 y los movimientos comunales como el Movimiento Demócrata Comunal y la Asociación Comunal Municipal.

1.5 Nilo Del Castillo Torres, un nuevo gamonal en el poder

Para las elecciones de 1994 Del Castillo derrotó a Rosero Ruano por 243 votos, obteniendo el 34,8% de la votación por candidatos. El Clan Escrucería había postulado a Sonia Elba Escrucería Manzi, hermana de Samuel Alberto Escrucería Manzí, en busca de la reconquista del poder político.

Durante este periodo se presentó una ruptura con el antiguo orden político: el Clan Escrucería. Aunque éstos ya no habían logrado ganar la alcaldía de Tumaco, no perdieron el reconocimiento ni la participación dentro de los gobiernos locales o alguna de sus dependencias. Ello tuvo que ver con la consolidación de Nilo Del Castillo como el actor político más influyente de Tumaco.

Desde 1994 en adelante, Nilo Del Castillo ha tenido voz y voto en las administraciones siguientes debido a su apoyo en las campañas electorales, incluso repitió como alcalde entre el 2004 y el 2007. No obstante, el “nilismo”, al igual que el Betismo, ha sido considerado uno de los factores que ha generado el atraso en el municipio, puesto que se han encargado de sobreponer los intereses personales a los públicos, convirtiéndose en instituciones que han generado el subdesarrollo en Tumaco a través del manejo o la incidencia en los centros de toma de decisión como son el Concejo y la Alcaldía Municipal (Rodríguez 2004).

1.6 Newton Valencia: un alcalde negro apoyado por gamonales

En el gobierno de Quiñones (1992), se hizo un acuerdo entre la administración y el MINGA, movimiento que respaldó a Del Castillo para las elecciones de 1992, dándoles la Secretaría de Agricultura por su origen campesino y los proyectos productivos conformados con la colaboración del convenio CVC Holanda. Así fue como se nombró a Newton Valencia Secretario de Agricultura, para dar lugar a sectores tradicionalmente marginados en la administración pública, como el sector afrodescendiente. Desde este momento y a través de su gestión, Valencia empezó a consolidar su caudal político electoral en el sector urbano.

Posteriormente el gobierno de Del Castillo continuó dando participación a Valencia. A medida que ganaba la confianza del alcalde y ascendía en el espacio político municipal, el MINGA perdía participación y reconocimiento, hecho que se evidenció en la no consecución de curules en el Concejo. Por tal razón, el MINGA fue absorbido con acuerdos por el Movimiento fuerte de ese entonces, el “nilismo”. Por ello, Del Castillo apoyó a Valencia en su candidatura para la Alcaldía en 1997, vinculándose también dentro de un movimiento de tipo nacional liderado por Parmenio Cuellar, líder político regional. Con esta estructura derrotaron al candidato del Clan Escrucería y a su máximo representante, Samuel Alberto Escrucería Manzí.

Valencia, de origen rural, tomó como bandera la electrificación rural en la ejecución de su programa, aunque se presentaron presiones por parte de actores armados ilegales, básicamente las FARC y el ELN. Electrificó toda la zona de carretera con su zona de influencia hasta llegar a los límites con Barbacoas (Km. 92), rompiendo con el aislamiento al que fue sometida la zona rural de Tumaco en los siglos XIX y XX, y promoviendo la posibilidad de traer maquinaria para la agroindustria y electrodomésticos cómo la televisión. Igualmente disminuyó la presión sobre los recursos naturales puesto que ya no se necesitaba leña para cocinar.

En zonas donde no se pudo llevar a cabo la electrificación de la red nacional (zona de los ríos con poca posibilidad de construir torres eléctricas), se dotó de plantas eléctricas. Adicionalmente apoyó y organizó el sector educativo municipal por medio de la utilización de los recursos de regalías petroleras. También certificó la educación municipal con la intención de obtener recursos directamente de la nación a través de la capacitación de docentes, otorgando ayudas educativas y facilitando la relación entre profesores y alumnos (cantidad de alumnos por docente).

Pese a las expectativas y al apoyo de algunos movimientos alternativos en la gestión de Valencia, el movimiento que administró el municipio no tuvo la visión para sostener el poder. Contradicciones internas hicieron que se presentara una fractura en éste, en donde en primera instancia se consideró como candidato único para las elecciones a la alcaldía del 2000 a Guillermo Rodríguez. Esta situación motivó el descontento de las facciones del movimiento, de las cuales resultaron postulados Jairo Meza y Pedro León Cruz, votaciones que superaban la votación total del candidato ganador, Escrucería Manzí, y evitando la consolidación por segunda vez de un movimiento alternativo en el poder político (ver Tabla 6).

1.7 Los Escrucería recuperan el poder local

El periodo comprendido entre los años 2000 y 2004 se caracterizó por la inestabilidad política, económica y social del municipio. En el año 2000 Samuel Alberto Escrucería Manzi se lanzó como candidato a la alcaldía de Tumaco representando al Movimiento del Liberalismo Independiente de Restauración (Líder), facción del liberalismo que era dirigido por él. En esas elecciones Escrucería derrotó a Nilo Del Castillo, a Jairo Meza y a Pedro León Cruz, obteniendo un total de 13 618 votos equivalentes al 36,3% de la votación total. Días después de empezar a ejercer como alcalde fue impugnada la elección por encontrarse inhabilitado para ejercer funciones públicas por estar condenado en 1978 por el delito de peculado por apropiación de dineros de la Caja Agraria en Tumaco, cuando era visitador de la contraloría municipal. Por lo anterior, fue necesario realizar nuevas elecciones (El Tiempo 2001).

En Agosto de 2001, Jaime Fernando Escrucería, primo de Samuel Escrucería Manzi, resultó electo como alcalde de Tumaco, representando al Movimiento Líder y alcanzando un total de 17.110 votos, derrotando al candidato oficial del liberalismo, Hernando Antonio Cantin. No obstante, desde su posesión no ejerció el cargo de manera constante por una licencia de enfermedad que lo obligó a designar, desde Pasto, a más de diez alcaldes encargados, que a su vez encargaron a otros, provocando una inestabilidad institucional al interior del municipio que permanecía sin cabeza visible e incapaz de responder a las múltiples y crecientes demandas sociales (Rodríguez 2004).

Este hecho sumió al municipio en una total inestabilidad, ya que al no existir una cabeza real dentro de la administración municipal, era muy difícil exigir el cumplimiento de labores y compromisos a la administración. Por esta razón, en el año 2003, el gobernador de Nariño Parmenio Cuellar, designó, a través de un decreto, a Víctor Aguirre como alcalde de Tumaco. Sin embargo, este acto administrativo fue impugnado por el Movimiento Líder en cabeza de su director Samuel Alberto Escrucería, quien interpuso tres tutelas.

La decisión favoreció al Movimiento Líder que designó como nuevo alcalde a Carlos Eli Barrios, quien en 20 días ejecutó el 90% del presupuesto que tenía disponible el municipio para el pago de acreencias acordadas en el marco del acuerdo de la Ley 550 suscrita con la nación (Rodríguez 2004, 94). El gobernador objetó el fallo y veinticuatro días después nombró a Guillermo Rodríguez. Durante su administración, Rodríguez se acogió a la Ley 550 o ley de quiebras, puesto que la deuda municipal era exorbitante e impagable.

1.8 Nilo de nuevo en el poder

Posterior al periodo de inestabilidad política suscitado en Tumaco entre los años 2000–2004, se presentaron en el 2004 nuevas elecciones, resultando electo Nilo Del Castillo Torres tras derrotar a Rafael Alberto Escrucería, hijo de Samuel Alberto Escrucería Manzi quien tenía para ese entonces 18 años.

Escrucería es candidato a la alcaldía de Tumaco en representación del ‘Betismo’, un movimiento fundado por su abuelo Samuel Escrucería. Su rival más fuerte es Nilo Del Castillo fundador del ‘“nilismo”’, (…) Durante el cierre de la campaña del joven Rafael, el movimiento les regaló a 200 líderes rurales unos hermosos relojes de pulsera. En esta campaña la familia Escrucería lleva invertidos, según dijo el candidato, 170 millones de pesos, sin contar el día de las elecciones (Semana, A la deriva, 2003).

En las elecciones del 2004 se lanzaron un total de nueve candidatos. Del Castillo resultó electo con 12 795 votos y en representación del oficialismo del Partido Liberal. En segundo lugar quedó Jairo Meza quien había participado en las elecciones del 2000, con un total de 9 344 votos por encima de Rafael Alberto Escrucería que alcanzó 6 249, dejando en evidencia el declive de la Familia Escrucería en Tumaco. La gestión de Del Castillo no presentó cambios significativos o mejoras en las condiciones de vida de los habitantes de Tumaco. Investigaciones de corrupción y el aumento de la violencia en el municipio, producto de la consolidación del paramilitarismo en el casco urbano, dan cuenta de esta situación.

Finalmente, vale la pena anotar que con la derrota de Rafael Escrucería en las elecciones para la alcaldía, se dio casi por terminado el poderío e influencia del Clan Escrucería en la política municipal, trasladando su campo de influencia hacia Bogotá, situación expresada en la elección de Rafael Escrucería como Concejal de la ciudad que estuvo plagada de escándalos y cuya gestión ha sido reconocida como una de las peores al interior de la corporación.

A manera de conclusión, se puede afirmar que con la apertura electoral de 1988 se presentaron cambios en la manera de hacer política en Tumaco. El faccionalismo intrapartidario por la consecución del poder político local, así como la mayor participación de sectores históricamente marginados (comunidades negras, movimientos reivindicativos, profesionales etc.), son prueba de un cambio estructural. Sin embargo, el clientelismo continuó siendo la práctica política más común en el orden municipal pese al cambio en el liderazgo político local, del Clan Escrucería al nilismo liderado por Nilo Del Castillo, situación facilitada por las continuas traiciones entre los integrantes de coaliciones y movimientos alternativos que detentaban el poder local.

En relación con el Concejo se puede decir, como sugiere Hoffmann (1999a), que detrás de todos los concejales elegidos por movimientos nuevos hay políticos ya ensayados a nivel local, es decir, la incidencia de la clase política tradicional, y con ella las costumbres políticas que se han desarrollado desde mediados del Siglo XX no sólo en Tumaco sino en el plano nacional, continúan caracterizando la gestión local municipal. A su vez, movimientos con reivindicaciones étnicas y comunales no han tenido una participación que garantice un cambio político en el orden local. Por el contrario, los representantes de estos movimientos se han adherido a proyectos políticos de las fuerzas dominantes, deslegitimando el movimiento en sus zonas de influencia como veremos a continuación.

2. El papel del Concejo Municipal

Como se advirtió al principio, en el contexto de marginalidad del pacífico la alcaldía se convierte en un lugar estratégico para el control de las decisiones, aún sobre el Concejo Municipal, por lo cual gran cantidad de estudios se han centrado en la lucha político electoral para la alcaldía y el papel del Concejo ha quedado relegado a un segundo plano.

Sin embargo, el Concejo juega un papel fundamental, puesto que la obtención de la mayoría de los curules legitima las decisiones tomadas por el alcalde de turno. Para el caso de las elecciones al Concejo Municipal se encuentran algunas similitudes respecto a las de la alcaldía. Entre estas puede señalarse la preponderancia del liberalismo como Partido dominante, pese a que, en la parte final del periodo de estudio, aumentó la participación de Movimientos y Partidos políticos nuevos como Colombia Viva y Convergencia Ciudadana, entre otros.

Asimismo, la Tabla 9 nos muestra el impacto de las reformas institucionales como la apertura electoral, la Constitución de 1991 y la reforma electoral del 2003 en la escena política local. En estos periodos puede observarse cómo los partidos tradicionales y la clase política local, se adaptan a las nuevas reglas de juego instauradas desde el Estado nacional.

En Tumaco, el faccionalismo intrapartidario fue el mecanismo predilecto de la clase política local avalada por los Partidos tradicionales para mantener el control o ampliar su participación en las instancias de gobierno, sea la alcaldía o el Concejo Municipal. A su vez, este faccionalismo expresa el rol que juegan las figuras políticas (Nilo, “Beto”, “chucho”) dentro de la vida local, siendo éstas últimas -con la vitalidad de sus campañas- las que determinan el voto a través de mecanismos clientelistas básicos, demostrando que la pertenencia a un Partido político no determina la victoria en Tumaco.

Prueba de ello se expresa en la Tabla 10, donde se expone la participación del Partido Liberal dentro del Concejo Municipal alcanzando un total de 94 curules de las 130 del Concejo municipal, equivalentes al 72,3% del total de curules. Pero desde 1988 se observa un faccionamiento de este Partido,11 evidenciado en la participación electoral de grupos políticos locales de orden tradicional pertenecientes al liberalismo, produciendo, en varios sentidos, el debilitamiento de una fuerza política histórica que va cediendo terreno a organizaciones más atomizadas.

2.1 Relaciones entre el Alcalde y el Concejo

En el plano local, las relaciones entre el Ejecutivo Municipal y el Concejo han estado marcadas por una correspondencia en función de intereses privados, tanto del alcalde como de los concejales. Al ser el Concejo una entidad de mayorías, los alcaldes de turno se preocuparon por obtenerlas a través del ofrecimiento de cuotas burocráticas al interior del ejecutivo municipal, ya sea en una de las secretarías o a través de contratos, obteniendo la aprobación y legitimización de sus disposiciones y proyectos, evitando además el control político por parte de los representantes que integran la corporación. Del mismo modo, la mayoría de los concejales electos contaban con el apoyo y el aval de los líderes locales en sus campañas, los cuales esperan, en la mayoría de los casos, alguna retribución por el apoyo durante la campaña, lo que implicó una continuidad en la forma como se gestionan los recursos y se toman las decisiones (Rodríguez 2004). A lo anterior debe agregarse la aparición de actores armados ilegales, los cuales a través del uso de la fuerza, logran influir en las decisiones y, como viene sucediendo en las últimas elecciones, abrirse lugar en las instancias de decisión.

Dichas situaciones no han permitido la autonomía necesaria por parte del cabildo municipal, siendo aprovechado en primera instancia por los gamonales y años más tarde por los actores armados ilegales y el narcotráfico. Así mismo, la participación de movimientos reivindicativos urbanos y étnicos se ha visto frustrada por la carencia de recursos de estas organizaciones para competir contra los políticos tradicionales y los sectores al margen de la Ley, evitando una recomposición del poder político local, y por ende, la forma de gestionar y planificar el municipio12.

2.1.1 Análisis electoral Concejo de Tumaco 1988 – 2007

Si bien en Tumaco el Partido Liberal ha tenido la supremacía, la existencia de grupos políticos locales ha garantizado que esto suceda. En las siguientes Tablas se exponen la relación, el apoyo y la incidencia de las fuerzas políticas tradicionales (nilismo, betismo, roserismo) indistintamente del Partido político en el Concejo Municipal para el periodo 1988 – 2007. De este modo, se trata de demostrar que pese a la pertenencia partidista de los candidatos y los programas que éstos representan, la negociación y el clientelismo son las prácticas rectoras de la vida política local.(Tabla 11)13

En primera instancia la política local se caracterizó por la concentración del poder político en manos del Clan Escrucería a través de su brazo político el movimiento “Betista”. Con la apertura electoral de 1988, las condiciones políticas en Tumaco se centraban en el régimen Liberal del Clan Escrucería que alcanzó el 53,3% de las curules del Concejo Municipal; las fuerzas antagónicas lideradas por el “roserismo” alcanzaron el 26,7% y el “nilismo” apenas representaba el 13,3%. De igual manera, el sector independiente en el Concejo era incipiente con un sólo concejal que representaba el 6,7% de las curules a elegir y era el único por fuera del Partido Liberal. Por su parte, en 1990, año de la coalición entre las fuerzas antibetistas (“nilismo”, “roserismo”, Conservadores e independientes), logró el 60% de las curules del Concejo, iniciándose así la decadencia del Clan Escrucería en la esfera política municipal, tanto a nivel de alcaldía como del Concejo.

Para la elección de 1992, posterior a la institución de la constitución de 1991, donde existía la posibilidad de inscribir Partidos y facciones políticas, la mayoría la obtuvieron los sectores relativamente independientes con el 33,3% que respaldaron al alcalde electo, Teódulo Quiñones. El “nilismo” aumentó su participación un 20% respecto a la elección anterior, y el betismo decrece al 20% del total de curules. El roserismo se mantuvo estable.

En 1994, año posterior a la aplicación de la Ley 70 o Ley de negritudes,14 el nilismo obtuvo la mayor participación del Concejo con el 41,2%, cosa que se explica por la cooptación de nuevos movimientos afrocolombianos a través del MINGA y los liderazgos locales. Lo mismo ocurrió con el roserismo cuando aumentó su participación a un 29,4%. El betismo, sin embargo, perdió apoyo en el plano local después del escándalo y perdida de la curul en el Senado de la República, alcanzando un 5,9%. Para 1997 las fuerzas antibetistas, roserismo, nilismo e independientes, equiparan fuerzas con un 29,4% mientras que el betismo continuó con poca participación alcanzando un 11,8%. Del mismo modo se presentó una baja circulación y una alta dispersión de grupos, movimientos y partidos, situación que se expondrá más adelante (ver Tabla 12).

Resulta interesante apuntar que para las elecciones del 2000 se presentó la consolidación del paramilitarismo en Tumaco, quienes lograron obtener participación en algunos sectores relativamente independientes, lo que explicaría el aumento de la participación de este sector (47,1%) dentro del poder político municipal, siendo esta mayor a la de los políticos tradicionales. Así, el nilismo alcanzó el 29,4%. El betismo, que además obtuvo la alcaldía, alcanzó un 17,6%, mientras que el roserismo alcanzó el 5,9%. Esto se explica por la inconformidad de diversos sectores sociales frente a la gestión de Jesús Rosero Ruano como gobernador de Nariño en 1997, cargo alcanzado por el apoyo obtenido durante la campaña por la región Pacífica y que no representó inversiones en obras para elevar la calidad de vida en el litoral. Esta inconformidad fue aprovechada por el sector “independiente,” el cual vio la oportunidad de obtener un mayor número de curules en la Corporación Municipal.

Para las elecciones del 2003 se presentó la Reforma electoral, razón que explica la aparición de nuevos partidos en el Concejo de Tumaco. En estas elecciones el nilismo obtuvo el 47,1% de la participación del Concejo, convirtiéndose así en la fuerza política predominante en Tumaco y absorbiendo gran parte de las curules perdidas por Rosero. Las fuerzas independientes obtuvieron un 35,3% debido al declive del betismo que alcanzó un 17,6%, y a la desaparición de la vida política del roserismo. Además se presentó una alta circulación y poca dispersión en el Concejo municipal. Finalmente, para 2007 el nilismo obtuvo el 64,7%, los independientes lograron el 29,4% y el betismo tan sólo el 5,9%. Estos resultados pueden explicar dos hechos: en primer lugar dan cuenta del ascenso de Nilo Del Castillo como nuevo gamonal en Tumaco. En segundo lugar, explica la alta incidencia de actores armados ilegales y el narcotráfico dentro de la escena política local a través de la financiación de campañas, apelando a nuevos Partidos o movimientos para resultar elegidos.

2.1.2 Impacto de las reformas electorales en Tumaco

Para ilustrar de mejor manera los argumentos anteriormente planteados, se analizan dos momentos que dan cuenta del impacto de las reformas electorales (1991, 2003) en el municipio y de las estrategias de las fuerzas políticas para reacomodarse en el espacio político municipal. El primero está comprendido entre 1992 – 1994, elecciones posteriores a la Constitución de 1991 con las cuales se pretendió el aumento de la participación de las fuerzas excluidas a través de la ruptura de redes tradicionales en el poder político. Y el segundo periodo 2000–2003 donde se intentó disminuir el número de Partidos. Estos momentos reflejaron las estrategias de la clase política municipal para reaccionar frente a las distintas reformas electorales suscitadas en Colombia. Para hacerlo se tendrá en cuenta, por un lado, la circulación15 de cada uno de los periodos electorales, y por el otro el número de partidos, lo que podría denominarse dispersión16.

En el primer momento se observa una circulación alta, que hipotéticamente podría significar el arribo de nuevos grupos al poder municipal y, por otro lado, un alto número de partidos. A pesar de ello, para 1994 esa misma circulación desciende y parece presentarse un reagrupamiento en ciertas fuerzas políticas. La dispersión de 1992 no parecería complementarse por la baja circulación de 1994. Una posible hipótesis que explicaría esta dinámica, sería la capacidad de la clase política local de adaptarse a las nuevas amenazas instauradas desde el nivel central. De esta forma, pese a la dispersión presentada en 1992, el número de partidos o Movimientos elegidos respondían a los intereses de una de las fuerzas políticas tradicionales aprovechándose del sistema de residuos, situación que se mantiene constante hasta el año 2003.

Por el contrario, para el 2003 el número de partidos aumentó quedando en entredicho la hegemonía liberal en el municipio. En estas elecciones la circulación aumentó considerablemente, dando participación a nuevos actores a nivel municipal. Sin embargo y en contraste con las elecciones de 2007, la aparición de nuevos movimientos no parece complementarse con la circulación en estas elecciones, presentándose un grado de circulación bajo (47%).

Lo anterior permite pensar que pese a presentarse cambios en el Sistema de Partidos a nivel nacional, los poderes locales, en este caso de Tumaco, apelaron a una serie de estrategias que garantizaron su supervivencia en el espacio de toma de decisión municipal; es decir, priman las relaciones de tipo informal (negociaciones) sobre las formales (Leyes, Constituciones).

3. Conclusiones

Las reformas institucionales presentadas en Colombia, donde se destacan la descentralización, la elección popular de alcaldes y la Constitución de 1991, otorgaron mayor preponderancia al papel del municipio, entendido como el nivel más descentralizado del Estado, el más penetrado por la sociedad civil y el más directamente ligado a la vida cotidiana en donde perviven y compiten distintas fuerzas políticas por el control del poder político municipal. Si bien estas reformas generaron cambios significativos, el arraigo de las relaciones informales dio lugar a la supervivencia de prácticas tradicionales en el quehacer político local. Bajo esta idea, la prevalencia del gamonalismo en Tumaco puede explicarse a partir de tres situaciones:

La primera es la existencia de una economía inestable en los distintos sectores municipales (económicos, sociales, culturales y políticos), lo que ha limitado los intereses de los distintos tipos de organizaciones alterativas al interior municipal. Entre otros, la venta del voto, el clientelismo y el paternalismo, se han constituido como instituciones informales que con el paso de los años han limitado la participación en las instancias del gobierno local a amplios sectores sociales. A pesar de esto, se ha presentado una renovación paulatina de la clase dirigente a través de sectores reconocidos como independientes quienes tienen discursos raciales reivindicativos o, en algunos casos, un fuerte vínculo con grupos al margen de la ley.

La segunda razón es el alto grado de adaptabilidad que han mostrado las fuerzas políticas locales frente a los cambios en las reglas de juego y disposiciones del orden nacional, que se evidencian en el alto grado de participación de estas en los distintos escenarios institucionales locales (alcaldía y Concejo), pese a la elección popular de alcaldes, la Constitución de 1991 y la Ley 70 o Ley de negritudes, que puede explicarse en dos situaciones. De un lado, la consolidación de una Clan político dentro del espacio local cerró la oportunidad de renovación y aparición de nuevos sectores políticos durante gran parte del Siglo XX, situación reforzada con el modelo electoral Bipartidista imperante en Colombia que creó una serie de lealtades por parte de los distintos sectores sociales de Tumaco que se mantienen en la actualidad (García 2008); del otro, el movimiento de las comunidades negras no ha generado confianza dentro del sector y las distintas organizaciones afrocolombianas locales, debido a un alto grado de desorganización y desarticulación al interior de los distintos Concejos comunitarios. Cuando este sector tuvo la oportunidad de gobernar con dos representantes de raza negra, se generaron una serie de expectativas que nunca se colmaron debido a la reproducción de prácticas tradicionales como el clientelismo, la malversación de fondos y la atomización del presupuesto municipal (García 2008). Esta situación se explica en el hecho que muchos de los diferentes liderazgos negros fueron cooptados y criados bajo el régimen Betista, lo cual contribuyó en la prevalencia del esquema de la política tradicional, dificultando un cambio generacional y de estilo en el quehacer político.

Finalmente, el aumento de la violencia producto del asentamiento del narcotráfico en la región, ha contribuido a la prevalencia de orden socio-político en el municipio. En este sentido, para los actores ilegales “el poder político municipal tiene un alto valor pues no solo les brinda una posibilidad de protección, sino de convertirse en fuente de ingresos (contratos) y de legitimización social y política” (GTZ 2008, 26). Es conocido que en zonas socialmente deprimidas el narcotráfico tiene gran facilidad de acceso y aceptación. Este trae ejércitos privados que garantizan su supremacía sobre el territorio, limitando cualquier tipo de movilización social por medio de la intimidación. En este sentido puede explicarse, a manera de hipótesis, el aumento gradual de la participación de sectores independientes dentro del Concejo Municipal,17 así como la aparición de nuevos movimientos políticos resultantes de la expansión paramilitar en el país (Corporación Nuevo Arcoíris 2007, 6), tales como Colombia Viva,18 Cambio Radical, Convergencia Ciudadana, entre otros, en una zona históricamente Liberal.

Citas de pie de página

1. Esta no se apoyaba bajo parámetros de raza o prácticas culturales; se sustentaba bajo la idea de la estigmatización del serrano (pastuso), como aquel único culpable de la situación de miseria en la cual vivía el municipio.

2. Comerciante de Tumaco, fue alcalde nombrado por decreto en 1974 y de 1986-1988, diputado en 1976 y concejal en 1972 y 1978. En 1990 como producto de una alianza de distintos sectores del municipio llegó a la alcaldía de Tumaco por elección popular.

3. Médico de profesión, nieto de Sergio Antonio Ruano, gobernador de Nariño en la época de la dictadura, Jesús “Chucho” Rosero nació en Barbacoas y ha tenido desde fines de los años 70 un amplio reconocimiento y recorrido en la actividad política regional. Entró a la política cuando empezó a ejercer como médico en 1979, profesión con la que se ganó el cariño y el apoyo de sus electores a través de medicamentos y consultas ofrecidas de manera gratuita. Fue elegido representante en el periodo 1992-1996 apoyado por el M-19.

4. Fue diputado de la Asamblea departamental de Nariño en 1980, 1984, 1986 y 1990, y fue electo Alcalde de Tumaco en los periodos 1994-1997 y 2005-2007, terminando el periodo por la revocatoria a Samuel Alberto Escrucería Manzi, quien fue inhabilitado para ejercer algún cargo público al ser juzgado y sentenciado por robo a la caja agraria de Tumaco en 1989.

5. Linda Helfrich (2000) considera que con la descentralización político administrativa y la apertura electoral, se vuelve más atractiva, financieramente hablando, la participación en juegos políticos locales, por lo cual se multiplican los candidatos avalados por partidos pequeños y por corrientes o fracciones de los partidos políticos tradicionales.

6. Fue una movilización de la población frente a la degradación de las condiciones de vida y el abandono del gobierno nacional. Tras un mes sin la prestación de los servicios de acueducto y energía eléctrica, se organizó un paro cívico que duró una semana en donde diariamente habían manifestaciones en las que participaban todos los sectores sociales.

7. Iniciativa gubernamental manejada entre la embajada de Holanda y la CVC (Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca). Se caracterizó por su ideología comunitarista, con participación de comunidades rurales y capacitación de líderes comunitarios. (Hoffmann 1999a).

8. Diputado de la Asamblea departamental de Nariño en 1980, 1984, 1986 y 1990, Concejal en 1988 y 1990. Alcalde electo de Tumaco en los periodos 1994-1997 y 2005-2007.

9. En Tumaco los dirigentes políticos Samuel Alberto Escrucería (liberal) y Jesús Rosero (AD M-19), tradicionales antagonistas de la política, pactaron un acuerdo de unión para trabajar en la búsqueda de soluciones a los problemas del litoral nariñense. (…) Entre los dos se conformó la siguiente nueva mesa directiva del Concejo: presidente, Gustavo Escrucería; primer vicepresidente, Guillermo Rodríguez; segundo vicepresidente, Carlos Ezequias Cabezas; secretario, Edgar Bedoya. La alianza Betista-Roserista tomó por sorpresa a los habitantes de Tumaco. (EL TIEMPO 1991).

10. Una característica de la forma de hacer política en Tumaco, es que un líder con 50 o 100 votos crea su propio movimiento político, lo que le otorga, en cierta medida, capacidad de negociación con las fuerzas políticas tradicionales.

11. Basado en Sartori, Pizarro Leongómez (2002) utiliza el concepto de facciones, para explicar aquellas unidades subnacionales de carácter coyuntural, con una organización endeble y dependiente de un liderazgo personalista.

12. “La presencia de los actores armados en el territorio atiende a una serie de variables que en general no suelen ser fácilmente identificables, pero que explican cómo lo público no ha sido marginal, sino que se ha ubicado en el centro del conflicto mismo, sea bajo la búsqueda de su control, o su sustitución por otro tipo de modelo (…) Los procesos electorales han estado en la mira de los actores armados ilegales con un doble y contradictorio propósito: en primer lugar, al constituir la puerta de entrada a la gestión local, les interesa apoyar y hacer acuerdos con candidatos, o llevar a candidatos propios a las administraciones locales, los cuales, una vez elegidos, les generan algún tipo de beneficio; en segundo término, siendo el símbolo más importante del régimen y de la democracia representativa, las elecciones constituyen para algunos actores ilegales un objetivo de su acción militar.” (Velásquez 2010).

13. Esta Tabla resume la participación e incidencia de las fuerzas políticas tradicionales dentro del Concejo municipal, toda vez que se este último se convierte en el escenario de representación de intereses de clase y de legitimación de las decisiones promulgadas desde el ejecutivo municipal. Para mayor información ver: Rosero (2009).

14. En ésta se precisan los mecanismos para la titulación colectiva de territorios y se define la obtención de nuevos espacios de participación y de representación política para el conjunto de las poblaciones negras colombianas.

15. “La circulación corresponde al porcentaje de elegidos al Senado y la Cámara de Representantes en cada año que no habían sido elegidos en ninguna de las elecciones anteriores del periodo” (Duque 2005).

16. “El (…) sistema electoral (anterior a la reforma de 2003) tendía a favorecer en Colombia la dispersión en detrimento de la unidad partidista. En la dinámica perversa de la “guerra de los residuos” resulta “irracional” conformar listas para intentar obtener dos o más curules por cuociente” y más adelante precisa el mismo autor, “En las (…) elecciones (posteriores a la constitución de 1991...) los partidos tradicionales obtuvieron más escaños con un menor número de votos que las “terceras fuerzas” (Pizarro 2002).

17. La multiplicidad de personas entrevistadas durante el desarrollo del trabajo reconocen la presencia del narcotráfico y de distintos sectores ilegales en el poder municipal. Sin embargo, la hipótesis es responsabilidad única del autor.

18. Cinco de las trece alcaldías ganadas por Colombia Viva son de muy alto riesgo por narcotráfico en Tumaco, Nariño, porque concentra el 41% de los cultivos de ese departamento y es ruta de tráfico, sede de laboratorios y puerto de exportación (López y Duncan 2008).


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