Exclusión social y empleo: ¿qué ocurre cuando hay segmentación laboral?1

Social Exclusion and Employment: ¿What Happen If Labor Market Segmentation Exists?

Exclusão social e emprego: ¿o que acontece quando há segmentação no mercado de trabalho?

Aura Cecilia Pedraza Avella
Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga - Colombia
acecipe@uis.edu.co

Recibido: 22.06.2011
Aprobado: 16.04.2012

1. Este artículo se deriva de la tesis de doctorado titulada “Exclusión social y segmentación laboral en Colombia”, financiada por el Contrato de Crédito Educativo No. 081-2005 de ICETEX en elmarco de la convocatoria de COLCIENCIAS del Programa “Apoyo a la comunidad científica nacional, a través de los programas de Doctorado Nacionales-2005”.


Resumen

Tradicionalmente se considera que la mejor salvaguarda contra la exclusión social es el empleo, pero en esta investigación se muestra que en Colombia no hay evidencia de que los empleados o desempleados estén mayormente excluidos. En cambio, al analizar las diferencias en exclusión social de los ocupados de acuerdo a su segmento laboral, se concluye que la mejor calidad de los empleos del segmento primario incide en la menor exclusión de quienes los ocupan en comparación con los trabajadores del segmento secundario, cuya desventaja es similar a la de los desempleados. Al medir la exclusión social, se encuentra que es mejor hacerlo incluyendo la segmentación laboral y no solamente el desempleo como indicador de desventaja en el mercado de trabajo.

Palabras clave: Exclusión Social, Empleo, Segmentación Laboral.


Abstract

Employment has been traditionally considered the best action against social exclusion, but in this research is showed there is no evidence that employed or unemployed are mainly excluded in Colombia. Instead, analyzing the differences between social exclusion of workers depending on their participation in any segment of the labor market, it is proved that the best quality of employment in the primary segment influences the lower exclusion of its workers compared to those of the secondary segment whose disadvantage is similar to the unemployed portion of the labor market. It is found too that measuring social exclusion, including labor market segmentation is better than doing it using unemployment as the unique indicator of disadvantage in the labor market.

Keyword: Social Exclusion, Employment, Labor Market Segmentation.

JEL Classification: I31, J42, J81.


Resumo

Tradicionalmente considera-se que a melhor salvaguarda contra a exclusão social é o emprego, mas esta pesquisa mostra que na Colômbia não há evidência de que os empregados e desempregados são maioritariamente excluídos. Assim sendo, para analisar diferenças de exclusão social dos empregados de acordo com seu segmento de trabalho, conclui-se que a melhor qualidade do emprego no segmento primário tem incidência na menor redução dos empregados em comparação com aqueles do segmento secundário, cuja desvantagem é semelhante ao dos desempregados. Por tanto, infere-se que para medir a exclusão social não somente é necessário ter em vista o desemprego como indicador de desvantagem no mercado de trabalho, mas também a segmentação nesse mercado.

Palavras-chave: Exclusão Social, Emprego, Segmentação no Mercado de Trabalho.


Introducción

El estado de exclusión social está definido en un individuo como el entrelazamiento de privaciones relevantes relativas a la sociedad donde vive. Teniendo en cuenta las principales esferas de desarrollo en la vida humana, la exclusión social además de conjugar problemáticas de las dimensiones física, de capital humano, económica, de capital social y política, implicará desventajas en el ambiente laboral.

En primer lugar, el empleo contribuye significativamente a la integración económica del individuo. Como dice Muñoz “en lo que se refiere a Europa (…) las rentas de trabajo siguen siendo claramente dominantes entre las fuentes de ingresos de la población, con un valor medio del 71% para la UE, un mínimo de 60% en el caso de Bélgica, y un valor máximo del 79% en el caso de España” (2002, 92). Por otra parte, la participación en el mundo laboral proporciona un espacio de desarrollo más allá de los ingresos, dado que se pasa la mayor parte del tiempo de la vida adulta en el sitio de trabajo (CAI e INAEM 2007, 113). Para Latinoamérica, “no sorprende entonces que en los sondeos de la opinión pública –como Latinobarómetro– se señalen el desempleo, los bajos salarios y la inestabilidad laboral como los problemas más apremiantes de la región por encima de la corrupción, la delincuencia y otros asuntos sociales difíciles” (IDB 2004, 1).

Siendo evidentes las ventajas del empleo en la inclusión social, la ausencia del mismo por razones ajenas a la voluntad del individuo indiscutiblemente trae consigo pérdidas de bienestar, generando brechas de calidad de vida entre quienes poseen un trabajo y aquellos que no lo tienen. Tal como lo exponen Tsaklogou y Papadopoulos (2001, 32) para el caso europeo, se observa que la pérdida de los lazos del individuo o del hogar con el mercado laboral implica mayor riesgo de exclusión social en comparación con el resto de la población. En este sentido, parecería ser cierto lo afirmado por European Council (2002, 5): “el empleo es la mejor salvaguarda contra la exclusión social”.

Esta noción, que implica que los ocupados serán menos excluidos socialmente que los desempleados, no es del todo cierta, si se consideran las condiciones actuales de los mercados laborales. Como señala la investigación de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo (2002), desde principios de los años noventa la liberalización del mercado de trabajo ha traído consigo la flexibilización de la demanda laboral y la precarización de las ocupaciones. En este contexto, se contempla, por ejemplo, la aparición de los llamados “pobres trabajadores”, más conocidos por su nombre en inglés “working poors”. Este grupo hace referencia a aquellas personas que, si bien tienen un trabajo, aún se encuentran sumidos en la pobreza. Como reportan Gundogan, Bicerli y Aydin (2005, 7):

Aproximadamente un 49,7% de los trabajadores del mundo (y un poco más del 58,7% en países en desarrollo) no están ganando suficiente para que ellos y sus familias superen la línea de la pobreza de los dos dólares diarios, y un 19,7% de las personas empleadas a nivel mundial (y aproximadamente un 23,3% en los países en desarrollo) están viviendo con menos de un dólar diario.

Con la precarización de las ocupaciones en este nuevo contexto, las privaciones en la dimensión laboral no se darán únicamente por el desempleo, sino que aparecen nuevas categorías de privación, esta vez dentro de los ocupados. Los individuos que se desempeñan en las ocupaciones de peor calidad están en desventaja de ingresos, pero también de condiciones de vida, frente a aquellos que logran insertarse en las mejores ocupaciones.

De acuerdo con lo anterior, el desempleo sigue considerándose una privación fundamental pero, dada la precarización laboral, hoy en día parece cumplirse lo dicho por Atkinson (1998, v): “el desempleo puede causar exclusión social, pero el empleo no garantiza la inclusión social; que lo haga o no depende de la calidad del empleo ofrecido”.

Según los estudiosos de la teoría del capital humano, la educación y, en general, los procesos individuales de mejora de la productividad laboral, facilitan la migración entre empleos (Greenwood 1975; Schwartz 1976; Schultz 1982). Sin embargo, la teoría de la segmentación laboral dice que existen barreras a la movilidad entre empleos diferentes a las de capital humano. Esto significa que no es suficiente que un individuo adquiera un mayor nivel de productividad laboral para que pueda ubicarse en las mejores ocupaciones y, por tanto, bajo este panorama se hace más difícil su proceso de inclusión a una sociedad. Es aquí donde aparece el concepto de segmentación laboral en relación con la exclusión social.

En este contexto, el presente trabajo busca aportar evidencias de que la segmentación laboral está relacionada con la exclusión social de los trabajadores, analizando el caso colombiano a través de los datos recopilados en la Encuesta de Calidad de Vida 2003.

El documento se divide en cuatro partes principales. Posterior a esta introducción, se presenta el marco teórico que guía la investigación. En tercer lugar, se exponen los resultados encontrados para el caso de Colombia. Por último, se presentan las conclusiones y recomendaciones.

1. Marco teórico

1.1 Exclusión social

Como noción analítica, el término exclusión social parece haberse acuñado originalmente en Francia por Rene Lenoir en su libro de 1974 “Los excluidos: un francés de diez” (Les Exclus: Un français sur dix), para referirse a varias categorías de personas catalogadas como problemas sociales y quienes no gozaban de la protección de la seguridad social. Hoy en día existen un sinnúmero de definiciones de la exclusión social pero, en general, siempre se ve como un estado de malestar y discapacidad. Para Jordan (1996), por ejemplo, este concepto se asocia a la falta de poder individual de algunas personas para acceder a recursos comunes a toda la ciudadanía, que se convierte en un obstáculo estructural en el nivel social. Bhalla y Lapeyre (1999) definen exclusión social como un proceso que hace que individuos o grupos, que residen geográficamente en una sociedad, no participen en las actividades normales de los ciudadanos de esa sociedad. Siguiendo a Castel (1997), “serían excluidos aquellos que no participan de los intercambios regulados y que por tal razón la sociedad no reconoce en ellos una contribución significativa al ordenamiento social, así fuese en el marco de unos intereses contrapuestos o disímiles”. En últimas, como dice Sen (2000, 9):

El lenguaje de exclusión es tan versátil y adaptable que hay mucha tentación a disfrazar cualquier privación como un caso de exclusión social. Hay, me temo, alguna evidencia en la amplia -y rápidamente creciente- literatura sobre exclusión social de que el lenguaje ha sobrepasado las ideas creativas implicadas.

De acuerdo a lo anterior, como dice Silver (1995, 60), en la literatura se habla de individuos excluidos de espacios tan disímiles como:

Un sustento; empleo permanente o seguro; ganancias; propiedad, crédito o tierra; vivienda; niveles de consumo mínimos o que prevalecen; educación, habilidades y capital cultural; el Estado de Bienestar; ciudadanía e igualdad legal; participación democrática; bienes públicos; la nación o raza dominante; familia y sociabilidad; humanidad, respeto, cumplimiento y entendimiento.

En una definición multidimensional de la exclusión social, se considera que en cierto momento, las personas pueden sufrir simultáneamente de problemas en algunas o todas las dimensiones relevantes en la vida humana. Este entrelazamiento de desventajas no tiene un origen definido. Como dice Poggi (2004, 7), “un rango de procesos sociales y económicos influenciarán los niveles de exclusión, y hogares con similares niveles habrán llegado a esta posición final desde una variedad de trayectorias diferentes”.

El estado de exclusión social en un individuo puede definirse entonces como el entrelazamiento de privaciones relevantes, relativas a la sociedad donde vive2.

Se habla de estado de exclusión social como el resultado de los itinerarios que llevan a las personas al padecimiento simultáneo de privaciones, dejando de lado lo que podría llamarse el proceso dinámico de exclusión social.

Ahora bien, siguiendo a Runcinam (1996, 10), se puede decir de manera general que una persona es privada de X cuando: i) no posee X; ii) puede observar que otra u otras personas, incluyéndose a ella misma en otro período de tiempo pasado o esperado, poseen X; y iii) ve factible que ella posea X. Sin embargo, en casos en que la situación de privación es muy honda, la condición iii podría no presentarse ya que el individuo ni siquiera piensa que él pueda acceder al bien X. Teniendo en cuenta que, como dice Amartya Sen, el bienestar de un individuo no estará determinado por los bienes que posee sino por sus funcionamientos, es decir, por las cosas que una persona ha logrado ser y hacer en su vida, las privaciones que conciernen a la exclusión social serán las de los funcionamientos relevantes.

En cuanto a la relevancia de las privaciones para la exclusión social, se considera que, tal como afirma De Haan (1999), éstas pertenecerán a las dimensiones elementales para el bienestar que son la física, de capital humano, económica, de capital social y política; adicionalmente, se tiene en cuenta una sexta dimensión que es la laboral, dada la relevancia de los mercados de trabajo para las sociedades capitalistas. En todo caso, esta relevancia será relativa a la sociedad que se está analizando, puesto que, como dicen Jehoel-Gijsbers y Vrooman (2007, 13), la exclusión social “sólo puede ser establecida en una forma relativa comparando las circunstancias de un individuo frente a otros en el mismo contexto histórico-social”3.

De acuerdo a lo anterior, el estado de exclusión social de un individuo se puede medir de la forma:

Ecuación 1

Siendo esi una combinación lineal de las privaciones relevantes acumuladas por i, d(fix) es la privación de la persona i dado su nivel del funcionamiento fx y wx el aporte a la exclusión social de la respectiva privación. Como la valoración de las privaciones se hace para la sociedad en su conjunto y no a nivel individual, los pesos wx serán los mismos para todos los individuos i que a ella pertenecen. La sumatoria se evalúa con x desde 1 hasta c, teniendo en cuenta que éste es el número de funcionamientos relevantes de la sociedad de referencia. Dada la representación binaria de d(fix), en el caso de individuos con ninguna privación es(di) será igual a cero, indicando el menor índice de exclusión social posible. En el caso de individuos con privaciones, la ecuación (1) las ponderará para determinar su grado de exclusión social.

Ecuación 2

Desde una mirada convencional, la exclusión laboral estará dada por el desempleo porque ocasiona, según Tezanos (2001), i. el apartamiento de los estándares culturales predominantes en una sociedad donde el no trabajar es considerado como un alejamiento de un patrón compartido, dando lugar incluso a colectivos estigmatizados; ii. carencia de unos ingresos suficientes para llevar una vida digna; iii. finalmente, pérdida del sentido de pertenencia del individuo a la sociedad.

Por otro lado, como ya se dijo, dentro de los trabajadores también se pueden presentar diferencias en su exclusión social de acuerdo a la calidad del empleo ocupado. En los peores empleos, como dice Rey (2003, 5): “los efectos que acarrea esta situación son conocidos: las personas se mueven en un terreno de creciente inseguridad, carecen de la estabilidad necesaria como hacer planes de futuro más allá de seis meses, y eso afecta a las propias identidades y a los roles sociales que se pueden y se está en condiciones de asumir”. Esta conformación heterogénea del mercado de trabajo puede explicarse por la segmentación laboral.

1.2 Segmentación laboral

Se dice que un mercado laboral está segmentado cuando se divide en grupos de trabajos de diversa calidad que difieren unos de otros, no sólo por los niveles salariales, sino porque cada uno tiene su propio modo de operación. Este último incluye, por ejemplo, requisitos de contratación, condiciones medio ambientales, criterios de promoción, seguridad social, entrenamiento y procedimientos de supervisión, entre otros4.

La teoría del capital humano, según Toharia (1983, 14), expone que los individuos desempleados o los que son pagados pobremente les faltan las habilidades para ser más productivos. A esta teoría se contraponen los casos cuando hay segmentación laboral, ya que el acceso a las ocupaciones está controlado, no solo por requisitos de productividad, sino por factores institucionales. Según Hotchkiss y Kaufman (2006), a la entrada de los segmentos laborales existen barreras tales como los mercados internos de trabajo5, fenómenos de discriminación, la actividad de los sindicatos y, así mismo, leyes que dictaminan las licencias ocupacionales que, por ejemplo, hacen difíciles o costosos los exámenes para adquirir permisos de trabajo o imponen requerimientos de residencia para trabajos en determinadas zonas.

La causa de la segmentación laboral está trazada por la estructura industrial y tecnológica de las naciones6. Para Piore (1973) y Beck, Horan y Tolbert (1980), entre otros autores, es claro que la tecnología determina la naturaleza de los trabajos y los requisitos de éstos últimos establecen las características del trabajador; por tanto, la tecnología es el determinante fundamental de la división del mercado laboral.

En su concepción dual se distinguen dos segmentos laborales: “primario” y “secundario”. El mercado primario ofrece trabajos que poseen características tales como: altos salarios, buenas condiciones de trabajo, estabilidad y seguridad del empleo, equidad y procesos internos relacionados con reglas de administración de recurso humano y posibilidades de ascenso. Del otro lado, el mercado secundario está conformado por trabajos que son evidentemente menos atractivos que los del mercado primario, ya que tienden a incluir empleos de bajos salarios, pobres condiciones de trabajo, considerable inestabilidad, disciplina estricta y a menudo arbitraria, y poca oportunidad de ascenso.

Dentro de la literatura relacionada con segmentación laboral, es común encontrar clasificaciones duales hechas a partir del concepto de informalidad que en general, como se anota en World Bank (2007, 21): “significa diferentes cosas para personas diferentes, pero casi siempre son cosas malas: trabajadores desprotegidos, regulación excesiva, baja productividad, competencia desleal, evasión de las reglas legales, pago bajo o nulo de impuestos, y trabajo “subterráneo” o en las sombras”.

La similitud entre las dos perspectivas se puede apreciar en la Tabla 1.

Se debe tener en cuenta que, bajo la perspectiva de la segmentación laboral, se entiende que los individuos se verán coartados a ingresar al segmento formal por factores adicionales a los de capital humano, lo que corresponde a la visión estructuralista de la informalidad. Otro caso diferente al de la segmentación laboral se encuentra dentro de la definición institucionalista de la informalidad, cuando se presume que los individuos escogen libremente pertenecer a alguno de los dos sectores7. Una posición intermedia de la informalidad, relacionada o no con la segmentación laboral, es abordada por el informe del Banco Mundial (2007); para el caso de América Latina y el Caribe, este trabajo apoya la perspectiva de que hay una coexistencia entre los trabajadores informales que pertenecen a este sector por exclusión del sector formal y aquellos que deliberadamente se ubican en la informalidad como una forma de escape a los costos que implica formalizarse. Fields (2005) defiende también esta posición, señalando que el sector informal se puede dividir en dos partes distintas: una superior, que es competitiva, en la cual los individuos entran voluntariamente esperando tener beneficios superiores a aquellos que percibirían en el sector formal, y una parte inferior, que categorizaría a aquellos que se sienten expulsados del mercado laboral formal.

1.3 Exclusión social y segmentación laboral

Lo que es tal vez más importante en su papel dentro de la exclusión social, es que la segmentación laboral no solamente crea empleos de mala calidad, sino que en esta el acceso a las ocupaciones privilegiadas está controlado, no solo por requisitos de capital humano, sino además por factores institucionales.

El problema radica en las brechas de bienestar que se dan entre quienes acceden a empleos de buena o mala calidad, estando los trabajadores del segmento secundario en desventaja frente a aquellos que trabajan en el segmento primario y siendo difícil su movilidad hacia las mejores ocupaciones.

La segmentación laboral refuerza la privación causada por el desempleo en la dimensión laboral de la exclusión social. En momentos como el actual, donde hay escasez de demanda laboral y una sobreoferta de trabajadores, la capacidad de absorción tanto del segmento primario como del secundario se hacen muy pequeñas. Como las ocupaciones del segmento primario son las más deseables, la lucha por la superación de las barreras que impiden su acceso se hace cada vez más tangible e influye en la decisión de los desempleados de prolongar su período de paro hasta conseguir un empleo en el segmento primario. Adicionalmente, el ingreso a ocupaciones del segmento secundario puede implicar la insatisfacción y por tanto aumentar los niveles de subempleo de una sociedad.

Así las cosas, es fundamental que la privación en la dimensión laboral, es(di )lab , incluya las desventajas en que se encuentran los trabajadores del segmento secundario frente a los del primario, así:

De esta manera, la desventaja causada por la segmentación laboral retroalimenta los obstáculos que ejercen sobre los individuos las privaciones de otras dimensiones de la exclusión social (física, capital humano, económica, capital social y política), y viceversa. De igual manera, se retroalimentarán mutuamente las buenas condiciones de todas las dimensiones relevantes con el empleo en el segmento primario.

Siguiendo a Fontela y Guzmán (2003, 227), un ejemplo de las interrelaciones dadas por el entrelazamiento de privaciones se presenta en la Figura 1. éste representa uno de muchos círculos que se pueden formar como exclusión social al cruzarse privaciones en las seis dimensiones relevantes. Vale la pena aclarar que la posición de cada dimensión en la figura no indica ordenamiento de ningún tipo, ni por relevancia frente a las otras ni por mayor cercanía entre algunas en particular. Por otro lado, en la Figura 2 se representa una de las interrelaciones positivas que se da de acuerdo con la no privación en ninguna de las dimensiones consideradas relevantes.

Lo que se quiere expresar con las Figuras 1 y 2 es que, dadas las mejores características de los empleos en el segmento primario, las desventajas de un trabajador en otras dimensiones estarán asociadas al segmento donde labore. Aunque las dos situaciones representadas son extremas, ya que consideran individuos con privaciones en todas o ninguna de las dimensiones de la exclusión social, esto no quiere decir que se desestimen estados intermedios donde se den solo algunas desventajas.

Teniendo en cuenta que las sociedades capitalistas se han fundamentado a partir de las relaciones en el mercado de trabajo, y que las desventajas se pueden acumular en el tiempo, es de esperar que la segmentación laboral esté relacionada con la exclusión social.

2. La exclusión social y la segmentación laboral en Colombia

2.1 Metodología

Con el fin de encontrar evidencias acerca de la relación entre segmentación laboral y exclusión social, se comienza por medir la presencia de la problemática del mercado de trabajo en Colombia. Para este documento, se considera que en Colombia el mercado laboral está segmentado en dos partes a saber: conformando el segmento primario estarán los trabajadores establecidos como formales según la definición del DANE, junto a los informales de microempresas grandes (bien sea empleados o patronos)8. Por otro lado, estarán los informales unipersonales (trabajadores domésticos o cuenta propia, no profesionales o técnicos) y los informales de microempresas pequeñas (empleados o patronos), quienes conformarán el segmento secundario. Esta definición parte de la posibilidad de medir la segmentación laboral a partir de la informalidad, tal como se expuso en la Tabla 1, pero tiene en cuenta que, como se expone en Pedraza (2010), se puede obtener mayor heterogeneidad entre los empleos de los dos segmentos si se modifica la línea de corte trazada usualmente por el DANE en su medición del sector formal e informal.

En segundo lugar, se mide la exclusión social de los colombianos a través de la construcción de un índice multidimensional que relaciona variables físicas, de capital humano, económicas, de capital social, políticas y, por supuesto, laborales, agrupando los indicadores que se presentan en la Tabla 2, a través de un análisis de correspondencias múltiples ACM9 que, en pocas palabras, es un análisis de componentes principales ACP10>, pero diseñado para variables binarias11.

En el desarrollo de esta tarea se tienen en cuenta los diferentes aspectos considerados en las mediciones multidimensionales de pobreza en Colombia<12, aquellos contemplados en otros trabajos sobre exclusión social en el país13, además del criterio de la autora para incluir otros factores14.

Para el caso de la dimensión laboral, por ser de particular interés para esta investigación, la privación se medirá a través de dos indicadores: uno medido únicamente a partir del desempleo y otro que además tiene en cuenta la segmentación laboral.

A continuación, se compararon los resultados de la exclusión social de los colombianos, hallando un indicador multidimensional con cada una de las mediciones de la dimensión laboral consideradas.

Posteriormente, se analizaron las diferencias en la exclusión social de los individuos desempleados frente a los ocupados, descartando la dimensión laboral de la medición de exclusión social. Igualmente, se hizo lo propio en la comparación de los individuos que se emplean en el segmento primario frente a aquellos del secundario.

2.2 Datos utilizados

Con el fin de disponer de la mayor información posible acerca de las privaciones de los colombianos, y así medir idóneamente la exclusión social, se utilizaron los datos recopilados en la Encuesta de Calidad de Vida 2003 ECV200315. Adicionalmente, se utilizó información regional proveída por la Registraduría Nacional del Estado Civil16 y Fondelibertad–Ministerio de Defensa Nacional17 para la creación de variables de exclusión política. En el caso de la segmentación laboral, la ECV 2003 brinda información suficiente para su medición.

Para el año 2003, Colombia tenía 43 717 578 habitantes de los cuales el 73,46% habitaban en las cabeceras municipales y un 52,29% era de género femenino. La región con mayor porcentaje de población era la Atlántica y la menor San Andrés y Providencia. Pero si se tiene en cuenta la superficie de cada una, la región con mayor densidad de población18 era Bogotá D.C. y la menos densa era la Orinoquía19. Cerca de un 22% de la población total pertenecía al primer quintil de ingreso frente a un 15,28% del último quintil. En la población rural, en contraste con la urbana, había una mayoría masculina, población casada o en unión libre más numerosa y con niveles de pobreza más acentuados. Las regiones de Colombia también presentaban diferencias significativas entre ellas, siendo notable la inequitativa distribución de la riqueza en el país donde, por ejemplo, Bogotá y la región Pacífica tenían respectivamente un 7,13% y un 37,88% de su población en el primer quintil de ingreso.

Teniendo en cuenta que la segmentación laboral se considera un fenómeno predominantemente urbano, sólo se tendrá en cuenta la información de las cabeceras municipales dispuesta en la ECV 2003.

3. Resultados

3.1 La segmentación laboral en Colombia

Según la Encuesta de Calidad de Vida 2003, el segmento primario ocupa el 56,30% de los trabajadores urbanos mientras que el secundario ocupa el 43,70%.

De acuerdo a la definición teórica de la segmentación laboral, como se puede ver en la Tabla 3, los trabajadores del segmento primario tienen ocupaciones de mejor calidad que aquellos del segmento secundario.

Esta conclusión se refuerza al estimar por mínimos cuadrados tanto los ingresos como un índice de calidad del empleo, construido por Análisis de Correspondencias Múltiples a partir de la guía dada por Farné (2003), que de las ocupaciones tiene en cuenta: i) los ingresos laborales sumando los salarios y los pagos en especie, ii) la afiliación a seguridad social, y iii) la jornada laboral.

A partir de regresiones del tipo Mincerianas, considerando la corrección de Heckman por sesgo de autoselección, se pudo inferir que la variable de segmentación es significativa para explicar el logaritmo del ingreso y el índice de calidad del empleo (ver Tabla 4).

Los resultados de los pareos por máxima verosimilitud de las diferencias entre segmentos, que se resumen a continuación en la Tabla 5, ratifican la validez de esta afirmación. Este método de pareo, llamado en inglés Propensity Score Matching – PSM, tiene la ventaja de “emular un experimento, reemplazando la ordenación aleatoria por el condicionamiento a una serie de variables...sin requerir que se asuman formas funcionales para las ecuaciones de salida” (Heckman et al., 1999, 1952-1955), creando grupos contrafactuales que se diferencian prácticamente de forma exclusiva por una variable tratamiento. En este caso, diferenciándolos por su empleo en el segmento primario o secundario, los trabajadores fueron apareados según sus características similares (de tipo individual e institucional), y siguiendo el método de estimación por Kernel Epanechnikov, se hallaron sus diferencias en ingresos y calidad del empleo. A través de un muestreo repetido (bootstrapping) se corroboró si esta diferencia era estadísticamente distinta a cero.

Por otro lado, en la ECV 2003 también hay evidencia estadística de que existen barreras a la movilidad del segmento secundario al primario, adicionales a las de capital humano. Al estimar por mínimos cuadrados los ingresos y el índice de calidad del empleo para trabajadores con educación primaria, secundaria y superior, según se muestra en la Tabla 6, el coeficiente de la dummy de pertenencia a un segmento es significativo en todos los casos. Trabajar en el segmento secundario significa tener menores ingresos y peor calidad del empleo frente a individuos del mismo nivel educativo que laboran en el segmento primario.

También se corrieron pareos por máxima verosimilitud para verificar la significación de las diferencias entre segmentos (ver Tabla 7).

Así las cosas, se encuentra evidencia de la existencia de segmentación laboral en Colombia para el año 2003.

3.2 La exclusión social en Colombia

Como ya se dijo, en el caso de Colombia, la exclusión social se puede medir a través de un índice multidimensional que relaciona variables físicas, de capital humano, económicas, de capital social, políticas y, por supuesto, laborales20.

Si en la dimensión laboral se tiene en cuenta únicamente el factor de desempleo como privación se encuentra que un 13,79% de la población urbana se encuentra excluida socialmente. Por otro lado, si se tiene en cuenta, además del desempleo, la ubicación en el segmento secundario como indicador de privación en la dimensión laboral, la exclusión social aumenta a un 15,67% dentro de la población urbana (ver Tabla 8).

Dentro de los dos indicadores existen variaciones según el tipo de población del que se esté hablando: hay diferencias estadísticas significativas que demuestran que los adultos mayores, las minorías raciales, los de menores ingresos y los habitantes de la Orinoquía, tienen mayores niveles de exclusión social que sus contrapartes. Sin embargo, es también importante notar que para el caso del género, existe una exclusión social similar entre hombres y mujeres.

Por otro lado, estos índices de exclusión social IES captan las diferencias entre privados y no privados de cada una de las dimensiones relevantes. Los privados y no privados en las dimensiones física, de capital humano, económica, de capital social y política se diferencian por sus IES. Sin embargo, en el caso del primer índice, no hay evidencia estadística significativa de la diferencia en la exclusión social de los dos grupos según la dimensión laboral. Esta conclusión se retomará a continuación, como parte de la discusión acerca de la medición más idónea de la exclusión social cuando se tiene presente la existencia de segmentación laboral.

3.3 La participación laboral y la exclusión social en Colombia

La primera medición que se hizo de la exclusión social toma cuenta del reconocimiento de que la participación laboral es clave en los procesos de inclusión.

Para Colombia, según el informe del Departamento Nacional de Planeación (2004) que citan Sánchez y Salas (2007, 3), “uno de los principales factores que inciden en el riesgo de los hogares es la pérdida de empleo por parte del jefe de hogar; una vez que esto sucede, aumenta la probabilidad de que el hogar quede en la pobreza”. Pensando entonces que en Colombia el trabajo se considera una garantía de cohesión social, no sólo por los ingresos que provee, sino también porque es el escenario de fortalecimiento de los lazos sociales, se esperaría que la exclusión social fuera mínima dentro de los ocupados pero, sobre todo, que fuera menor que dentro de la población desempleada.

Buscando identificar las diferencias entre los tres grupos de la Población en Edad de Trabajar–PET, es decir, los ocupados, desempleados e inactivos, la Tabla 9 muestra el porcentaje de excluidos socialmente y de privados en todas las dimensiones relevantes, según el primer índice de exclusión social calculado. Aproximadamente un 55% de la PET urbana está ocupada, el resto se divide en 8,56% y 36,72% que corresponden, respectivamente, a los desempleados e inactivos. Adicionalmente, los resultados obtenidos muestran que en Colombia cerca de un 11,01% de los ocupados urbanos sufren de exclusión social.

Con el fin de obtener evidencia estadística más robusta sobre la importancia de la ocupación frente al desempleo en la exclusión social, se hicieron pareos por máxima verosimilitud para cada una de las zonas en estudio. En ellos se compararon individuos con características similares pero que se diferenciaban porque unos están ocupados (grupo tratamiento) y los otros están desempleados (grupo control). Los resultados, que se presentan en la Tabla 10, muestran que no hay evidencia estadística para decir que los ocupados y los desempleados del área urbana se diferencian en su grado de exclusión social.

Estos resultados dan entonces razones para afirmar que en Colombia, estar ocupado no es garantía de menor exclusión social frente a estar desempleado.

Buscando encontrar los causales de la baja relevancia de la participación laboral en la exclusión social, se analizó también la situación en cada una de las dimensiones relevantes de la exclusión social. Dentro de los resultados presentados en la Tabla 9 se encuentra que el porcentaje de privados entre ocupados y desempleados no son realmente muy diferentes y, en el caso de la dimensión de capital humano, son los desempleados quienes tienen menor desventaja que los ocupados.

Para comprobar las diferencias entre desempleados y ocupados en las diferentes dimensiones de la exclusión social, se hicieron los respectivos pareos por máxima verosimilitud tomando como grupo de tratamiento a los individuos ocupados. Dado que estar ocupado fue la única característica que se tuvo en cuenta para hallar las privaciones en la dimensión laboral, esta categoría fue dejada de lado en este análisis. Los resultados ratifican que no hay evidencia estadística para decir que en Colombia se cumple la hipótesis trazada acerca de la gran significación de la ocupación en el estado de exclusión social, sobre todo en la zona urbana. Contrario a lo que se podría haber pensado, la mayoría de las disparidades no son estadísticamente diferentes de cero21.

El anterior resultado no es del todo sorprendente si se consideran las condiciones actuales de los mercados laborales. La liberalización del mercado de trabajo ha traído consigo la flexibilización de la demanda laboral y la precarización de las ocupaciones. En Colombia, como menciona Ocampo (2000, 46), “las formas que asumió la incorporación de la población al mercado reflejan su funcionamiento excluyente en la década de los noventa: una parte de esta nueva fuerza de trabajo pasa a engrosar las filas de la desocupación… y la otra accede en condiciones de precariedad al sector informal, principalmente a cuenta propia, mientras la tasa de salarización disminuye en forma sensible (de 89,4% a 67,2%), resultado de las fuertes caídas en las tasas de ocupación y de la tendencia ascendente de las tasas de participación”.

Pero, ¿qué tipo de trabajadores son excluidos de la sociedad? La Tabla 11 presenta el porcentaje de excluidos dentro de los ocupados según algunas características individuales. El grupo etáreo al que se pertenece, la etnia, la región donde se habita, el quintil de ingreso y, en menor medida, el género, parecen ser factores influyentes en la exclusión social de los colombianos ocupados. Como era de esperarse por la propia definición del índice de exclusión social, se logra una mayor inclusión a medida que se acumula mayor capital humano, medido como nivel educativo.

3.4 La segmentación laboral y la exclusión social en Colombia

Ahora bien, comprobada la existencia de segmentación laboral, se quiso buscar evidencia de su relación con la exclusión social. En Colombia, como se puede ver en la Tabla 12, la exclusión social es del 15,04% y del 5,06% entre los ocupados en el segmento secundario y primario respectivamente, en una medición que excluye cualquier indicador de la dimensión laboral.

Con el fin de obtener evidencia estadística más robusta sobre las diferencias en exclusión social de los ocupados urbanos, se hicieron pareos por máxima verosimilitud. En ellos se compararon individuos con características similares pero que se diferenciaban porque unos están ocupados en el segmento secundario (grupo tratamiento) y los otros laboran en el segmento primario (grupo control). Los resultados muestran que hay evidencia estadística para decir que los trabajadores del segmento secundario y el resto de los ocupados urbanos se diferencian en su grado de exclusión social, siendo los del segmento primario los más incluidos. Lo mismo ocurre para todas las dimensiones.

Estos resultados dan entonces evidencias para sustentar que la segmentación en el mercado de trabajo urbano está relacionada con la exclusión social de los individuos, haciendo que aquellos ubicados en el segmento laboral secundario perciban mayores niveles de exclusión social que los trabajadores del segmento primario. Además, este hallazgo implica que en la primera medición construida se podría estar incurriendo en un error al no tener en cuenta las particularidades de las ocupaciones dentro de la dimensión laboral de la exclusión social.

Retomando los resultados de la Tabla 8, se encuentra que el índice que tiene en cuenta la segmentación laboral capta mayores brechas en la exclusión social entre privados y no privados de todas las dimensiones relevantes. Las diferencias en el segundo índice de exclusión social captadas por los pareos por máxima verosimilitud son superiores para todos los casos, que aquellas de los pareos del primer indicador que únicamente incluye el desempleo como privación laboral. La Tabla 13 resume estos resultados.

Para el caso de la dimensión laboral, mientras que con la primera definición no había diferencia significativa en la exclusión social entre aquellos con o sin privación por desempleo, con el segundo indicador se encuentra evidencia estadística para decir que dicha diferencia es superior a cero. Los desempleados y los ocupados en el segmento secundario del mercado laboral son más excluidos socialmente que los ocupados en el segmento primario y la población inactiva.

4. Conclusiones y recomendaciones finales

El mercado de trabajo colombiano está segmentado y las diferencias en el bienestar que esto genera para los individuos involucrados hace que los ocupados en el segmento primario tengan menores niveles de exclusión social que aquellos del segmento secundario.

Lo anterior hace necesario replantear la manera en que se mide el estado de exclusión social. A los tradicionales funcionamientos de las dimensiones física, de capital humano, económica, de capital social y política que se utilizan generalmente en la literatura, se le agrega ahora el nuevo funcionamiento de la dimensión laboral que indica que los desempleados y los ocupados en el segmento secundario tienen privación respecto a los ocupados en el segmento primario y a los inactivos.

Así las cosas, una división dual indica que hay un 15.67% de la población urbana que está excluida socialmente en Colombia. Este índice muestra mayor exclusión social de los mayores de 64 años, minorías étnicas, los individuos de menor ingreso y los habitantes de la Orinoquía. No se encuentra evidencia estadística para decir que los hombres o las mujeres son más excluidos que el otro grupo.

Las diferencias dadas por las privaciones en todas las dimensiones son mejor captadas por este indicador que por uno que solo toma en cuenta el desempleo en la privación laboral.

Ahora bien, pensando en que sociedades como la colombiana se han fundamentado a partir de las relaciones en el mercado de trabajo, valdría la pena indagar acerca del papel de la segmentación laboral en el proceso causal de la exclusión social. Se esperaría que un individuo ocupado en el segmento secundario empiece a padecer privaciones en otros funcionamientos relevantes diferentes al laboral. Por otro lado, que ingresar al segmento primario le dé al individuo la posibilidad de empezar a acumular ventajas en los ámbitos físico, de capital humano, económico, de capital social y/o político. Sin embargo, la ausencia de información de tipo panel imposibilita el análisis del proceso dinámico y por tanto se entorpece la posibilidad de discernir cuál de los funcionamientos y/o dimensiones relevantes tiene mayor probabilidad de dar inicio a la acumulación de desventajas.

Queda pendiente entonces, para futuras investigaciones, encontrar evidencia de que la segmentación laboral es un origen bastante probable de los estados de exclusión social. Esto contribuiría enormemente al diseño de políticas que intervengan el problema desde su raíz; de ser efectiva la eliminación de los mercados de trabajo secundarios en pro de erradicar la exclusión social, se podría evitar la implementación de políticas multidimensionales que son mucho más costosas y difíciles de ejecutar.

Citas de pie de página

2. La visión multidimensional de la exclusión social es la más aceptada en los últimos tiempos y es impulsada principalmente por organismos enfocados en la formulación de políticas sociales, tales como la Comisión Europea y el Instituto de Estudios Laborales de la Organización Internacional del Trabajo, y su principal defensor es el Premio Nobel Amartya Sen (ver, por ejemplo, Sen 1985, 1993, 2000). Las otras dos perspectivas de la exclusión social que han sido relevantes en el estudio del fenómeno son la anglosajona y la francesa republicana, que tienen explicaciones monocausales de la exclusión social; la primera centrada en la pobreza y la segunda en el rompimiento de los lazos sociales.

3. Por ejemplo, como cita Sen (2000, 7) de Smith (1776, 351-352), para su contexto Adam Smith argumentaba: “por necesidades yo entiendo no solo las comodidades que son indispensablemente necesarias para vivir, sino cualquier cosa por la que sea tradición en el país declarar indecente a cualquier persona encomiable que no la posea, incluso aquellas del orden más bajo…La tradición ha declarado los zapatos de cuero como una necesidad de vida en Inglaterra. La persona encomiable más pobre de cualquier sexo estaría avergonzada de aparecer en público sin ellos”.

4. En general, como dice Weitzman (1989, 122) “se concibe una tendencia de correlación entre altos salarios, mayor productividad laboral, mayor probabilidad de ascenso y de entrenamiento en el trabajo, más alto número de contrataciones, pocos despidos y escasos cambios de trabajo. De la misma manera, que los factores adversos también están vinculados”.

5. Definidos en primera instancia por Doeringer y Piore (1971), los mercados internos fueron catalogados como una organización definida, en la cual la fijación del precio y distribución de la fuerza de trabajo es gobernada por un conjunto de reglas y procedimientos administrativos y no solamente por variables económicas. Posteriormente, Piore (2002) señala que esa definición inicial debe ser ampliada para incluir, no solo reglas y procedimientos administrativos, sino prácticas sociales y costumbres, las decisiones sobre contrataciones futuras y a los segundos como aquellos que se encuentran por fuera de ésta.

6. Esta definición proviene del enfoque institucionalista de la segmentación laboral. Otras de las perspectivas teóricas reconocidas son los enfoques radical, post-keynesianos y neo-marxistas.

7. Bajo el enfoque estructuralista, como es señalado por Uribe y Ortiz (2004, 5), se destacan los trabajos de Lewis (1954), Hart (1970), ILO (1972), Singer (1977), PREALC (1981 y 1985) y Tokman (1978 y 1982), entre otros. Por otro lado, como indican Uribe y Ortiz (2004, 15), en la vertiente institucionalista se destacan los trabajos de De Soto (1987 y 2000), Loaiza (1997), Maloney (1998), y Heckman y Pages (2000).

8. El DANE considera trabajadores informales a “aquellas personas ocupadas en las empresas de tamaño igual o inferior a diez personas, incluyendo al patrono y/o socio: i) ocupados en establecimientos, negocios o empresas en todas sus agencias y sucursales; ii) empleados domésticos; iii) jornalero o peón; iv) trabajadores por cuenta propia excepto los independientes profesionales; v) patrones o empleadores en empresas de diez trabajadores o menos; y vi) trabajadores familiares sin remuneración”.

9. En la literatura es común asignar pesos iguales para todas las variables de un índice compuesto agregativo. Sin embargo, se quiso utilizar el ACM dada su utilidad para hacer escalamientos óptimos cuando el objetivo es captar la máxima correlación entre variables. Este procedimiento se acercará más a la evaluación intrínseca que la sociedad hace de las privaciones y permitirá captar un continuo de grados de exclusión social.

10. Como dicen Asselin y Tuan Anh (2008, 2), el ACP “esencialmente consiste en construir una secuencia de combinaciones lineales no correlacionadas (ortogonales) y normalizadas de las k variables de entrada, agotando la variabilidad completa del conjunto de variables de entrada, llamado la “varianza total” y definida como la traza de la matriz de covarianza, es decir la suma de las k varianzas. El proceso de reducción descrito, equivalente a la identificación de los valores y vectores propios, corresponde geométricamente a un cambio en el sistema de ejes cartesianos (translación y rotación) del espacio euclidiano de dimensión k”. Básicamente el ACM es un proceso de ACP que usa la métrica chi cuadrado x2 en lugar de la Euclidiana”. (Asselin et al. 2008, 4).

11. Esto se hace teniendo en cuenta la decisión de asumir d(fix) en forma binaria.

12. Basados en la lectura de Muñoz (1999: 139-155).

13. Principalmente, se extrapolaron al nivel individual aquellos indicadores locales utilizados por ávila y Betancourt (2006).

14. El ejercicio se hizo teniendo en cuenta la disponibilidad de información, sobre todo para aquellos indicadores de la dimensión social y la política.

15. Para consultar información sobre la ECV 2003, ver http://www.dane.gov.co/inf_est/calidadvida.htm.

16. Se consultó la información disponible en la página http://www.registraduria.gov.co/contactenos.htm sobre los porcentajes de participación en las elecciones presidenciales del año 2002, las elecciones para Gobernador del año 2003 y las del Referendo del año 2003.

17. De donde se obtuvo información sobre las presiones políticas sufridas por todos los municipios del país en el año 2003, incluyendo secuestros, atentados, asesinatos y boicots asociados a la actividad política por parte de grupos armados guerrilleros, paramilitares y delincuencia común.

18. La densidad de población se obtuvo de dividir el número de habitantes por la superficie de la región. Los valores de superficie fueron tomados de http://es.wikipedia.org/wiki/Departamentos_de_Colombia (última consulta: mayo 26 de 2008).

19. Es importante notar que tanto para San Andrés y Providencia como para la Orinoquía, toda la población se consideró habitando en las cabeceras municipales, que para efectos de este trabajo fue clasificado como zona urbana.

20. Como se mencionó anteriormente, el índice fue construido a partir de un análisis de correspondencias múltiple ACM, mediante el comando mca del software Stata 10. Con el fin de facilitar la lectura del indicador, se hizo una conversión de los valores obtenidos del ACM al multiplicar todo el vector por -1, obteniéndose así un índice que crece en magnitud a medida que aumenta la exclusión social. Adicionalmente, buscando que todos los valores del indicador fueran más fácilmente comparables, todo el vector del índice de exclusión social se ajustó al rango entre 0 y 1. Finalmente, pensando en que un índice dual facilita su entendimiento, serán excluidos aquellos con un índice de exclusión social mayor a 0.5 (o,50% si se quiere leer en términos porcentuales).

21. El análisis también se realizó para comparar la exclusión social de los desempleados y los inactivos. En este caso se encontró que este segundo grupo tiene menores desventajas que el primero.


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